jueves, marzo 02, 2006

El cráter

Estamos en medio de un cráter. Sí, el pueblo fue levantado en una chimenea volcánica, cuya mitad está bajo el mar y el otro pedazo está a espaldas de las casas. Para quien piense que está extinto, le tengo noticias, en 1835 hubo una erupción en medio de la bahía que provocó un maremoto que hundió al poblado bajo el agua, pero desde entonces no ha vuelto a suceder nada, al parecer el genio se ha portado bien permaneciendo callado y tranquilo en su botella.

Y no es que me cause mucha gracia el saber que duermo todos los días en el cráter de un volcán, pero confieso que el tener conciencia del peligro tiene un lado algo estimulante, tal como bucear con tiburones, fumar, lanzarse en bengi, comer comida chatarra, viajar en un bus de la locomoción colectiva, algo que no hago hace tiempo, puesto que acá no hay buses, de hecho hay apenas tres calles, o simplemente vivir en Chile, país sísmico rodeado de volcanes en donde todo es frágil como un segundo. En todo caso, ¿como no acordarme de "Krakatoa"?, una película en blanco y negro, esas de tipo apocalíptico, como Aeropuerto o Terremoto, que proliferaron en los años setenta y que pasaban mucho en la censurada y aburrida televisión de los años ochenta.

La película mostraba el desastre ocurrido en la isla de ese nombre cuando, según leí en algún número de Digest Readers, al hacer erupción el volcán, el mar se filtró por una fisura, contactando el magma, lo que produjo una explosión que destruyó todo, bueno casi todo, y generando un maremoto mayúsculo. Recuerdo que en la película se veía que solo las palmeras (obvias miniaturas plásticas) sirvieron de salvación a la gente que atinó a subirse arriba.

Pero acá hay pocas palmeras, y no debe ser fácil subirse a una, al final, pareciera que uno no puede estar tranquilo en ningún lugar, siempre es como que algo acechara en la oscuridad, un tigre en la noche dispuesto a saltarte al cuello, que toma forma de asaltante, gripe aviar, juguetes con tolueno, ondas de teléfonos celulares cancerígenas, colesterol, fiebre aftosa, meteorito o erupción volcánica.

Tiger, tiger
shining bright
in the darknes of the night


Quizás sea cierto, uno no puede estar tranquilo en ninguna parte - ¿y qué?, la intranquilidad es finalmente el motor de nuestras vidas, la que nos debiera mover a la búsqueda, no al temor. La tranquilidad y la intranquilidad que da miedo son para los viejos, aquellos que tienen los medios para hacer cosas pero ya no tienen ganas de hacerlas.

Así es que nada de "Krakatoa", mejor "Viaje al centro de la tierra", de Verne, con descenso y escape por un volcán, el Stromboli, creo, pero con excursión de descubrimiento incluida, como en casi todo lo de Verne. El francés intuyó que para lograr salir, elevándose, hay primero que descender, ir cuesta abajo en la rodada, y una vez que te detienes, el reto, la gracia, es subir de nuevo para llegar mucho más arriba, no todos lo hacen, muchos se quedan allá abajo, pero siempre el viaje es estimulante.

Guardando las proporciones claro,
tal como Sidartha en la montaña y Jesucristo en el desierto,
tal como Luke Skywalker en "Star Wars",
Rimbaud en Carta de un vidente,
Ernesto Guevara en "Diarios de Motocicleta",
Peter Fonda y Jack Nicholson en "Easy rider",
Dos compadres y una española guapa de senos increíbles en "Y tu mamá también",
Cruise y Kidman en "Un horizonte lejano",
en definitiva, tal como vivir en la profundidad de un volcán.

Y me decidí a descender al fondo de la tierra.
Y mientras bajaba hacia las sofocantes entrañas del planeta,
descubrí que ese viaje, el viaje de búsqueda al interior,
es el más importante, pues es simplemente camino, requisito ineludible, a la sabiduría.

1 comentario:

gladys dijo...

Mauro bellìsimo, si nos ha tocado vivir una tierra de paradojas y contradicciones, para què querer eliminarlas?, por què no simplemente les encontrarmos un SENTIDO. Siempre me ha parecido fascinante que el oxìgeno que nos permite vivir sea el mismo que genere los radicales libres que nos matan. Pero el miedo a la muerte no puede convertirse en miedo a la vida, no solo porque el miedo aniquila el cambio, que es escencial en la existencia de este segmento del universo, sino porque como dirìa Miguelito: "Para nacer he nacido" y el miedo puede impedirtelo. Sabes?, un volcàn me hace pensar que en cierta forma -no eterna- me gustarìa tener escencia de volcàn -o quizà la tengo solo que las racionalizaciones no me dejan admitir que soy simplemente parte de la natura-, un volcàn lo percibo como una suave adaptaciòn en lo exterior y una firme decisiòn y fuerza en el interior. No es nuevo que en la naturaleza los obstàculos se eliminan violentamente. Quizá descubriendo nuestra violencia interior encontremos nuestra misiòn creativa de vencer obstáculos, para que no nos limitemos sino que decidamos construir, destruir y mantener. Pero sin descubrirnos dentro no descubrimos fuera y tampoco encontramos el por què ni el para què de nuestra posible misiòn... P.D. hoy vi tu nombre escrito en un enorme letrero en la ciudad de San Josè, no sabes cuàn grande fue mi sonrisa y mis ganas de hablarte. Ciao bello!