domingo, julio 12, 2009

Silencio

Al terminar los tragos, la oscuridad parece el rastrojo miserable al fondo de la botella que separa tus ojos de los mios.

Entonces, enmudeces libérrima y la noche se desmorona y gira, disolviendo la realidad en ese charco donde chapotea el irrefrenable e incierto devenir, ahogando todas las preguntas, razones y reflexiones, para quedar sólo ambos, dos sombras unidas por un silencio tejido entre sus bocas.

Calla, parece decir la noche.

Calla y sólo quémame, con el restallido de tus labios tibios y el látigo frio de tus dedos, pues se que no podré alcanzarte con mi palabra desbocada y herida.

Calla y sólo quémame, mientras reclamamos nuestra patria bañada en plata, aferrando los sentimientos antes que al amanecer blanqueen sus huesos calcinados.

Entonces, cuando enmudeces libérrima y la noche se desmorona y gira, germinas en ese surco con que nuestros cuerpos desgarran sus horas, te detienes entre mis manos, y nuestros silencios se alcanzan, para perderse al unísono en el canto embriagado de este cielo negro y derribado.

jueves, junio 25, 2009

25 de junio

Nunca pensé que así sería el día en que muriera Michael Jackson y Farrah Fawcet, la rubia de pelo ondulado de los Angeles de Charlie. Es que en ese tiempo ochentero en que las tardes transcurrían frente a un televisor inmenso nada hacía suponer que Jackson iba dejar de ser negro y que no usaría más esos pantalones con tirantes con algo asi como un sweter azul a rayas y boina, como en el video en que sale andando en carreta con McCartney.

Pero es verdad, hoy ambos murieron, y lo pavoroso es que no nos quedan recuerdos de ellos, sino tan sólo sus personajes, y esas imágenes de guionistas, de tardes aburridas con unas chicas pegadas a un intercomunicador dispuestas a recibir misiones policiacas, son ahora aún más viejas de lo que siempre fueron.

Lo más intrigante no parece ser que un día la muerte nos bese con su escalofrío amarillo, sino en lo impredecible del cuando eso llegue a suceder y en lo inescrutable que resulta saber que es lo que alguien recordará de nosotros.

La vida, un segundo.

Parafraseando a Humberto Cardenal

Señor, recibe a quienes se presentan ante Ti sin ningún maquillaje
sin su Agente de Prensa
sin fotógrafos y sin firmar autógrafos
solos como un astronauta frente a la noche espacial.
Sólo Tú conoces sus verdaderos nombres.

martes, junio 09, 2009

Semana

Despiertas un día. Uno ni mejor ni peor que el anterior. El delgado aire frío lacera lentamente tus pulmones. Sin una razón revisas fotos, lees esto y aquello, pones la radio y la cambias una y otra vez sin detenerte en alguna estación en particular. Notas que el tiempo ha pasado sin irse a lugar alguno, aunque en verdad eres tú quien sigue en lo mismo y todo se ha esfumado entre tus dedos. Las horas te dicen que lo hecho es nada, el esfuerzo vano, y no dejas de asfixiarte una y otra vez en ese pozo al que caiste, en donde la única certidumbre es que debes reinventar tu vida sin cesar. Marcas un número de teléfono que nadie responde, el pecho te presiona ahogándote, todo parece romperse mientras conduces pensando en momentos que ya no existen, ausente y disuelto en una burbuja de nada. Gira el día, la tarde demora en pasar lo que llega la noche, el mar es un charco insondable donde se desangra el sol degollado. De pronto, miras el vehículo a tu costado, una niña de ojos negros inocentes con la alegría de un girasol, te mira y sonríe diáfana, entonces todo adquiere un sentido y vuelve a valer la pena.

miércoles, junio 03, 2009

Otrora

Tanto tiempo y días luminosos que ahora yermos yacen recogidos en su tumba.

Invoquémoslos, recobrando el perderse ineludible, mientras el viento troca los segundos por el paréntesis de la pequeña muerte que nace entre nosotros.

Ven, regálame el abandono de tu cuello entre mis manos, mientras te penetro con el frenesí de la vida que se marcha.

sábado, mayo 23, 2009

Benedetti



Te despide la soledad más concurrida de todas, una ordenada como procesión, llena, más llena que nunca de adioses hace tiempo.

Buen viaje.

"Mi táctica es quedarme en tu recuerdo. 
No sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos."

jueves, mayo 14, 2009

Parra

Ese día se levantó hartada de incertezas. Se acercó a la ventana y miró hacia el cerro divisando paisajes, sombras y soles imaginarios. Y cuando su ojo exploró la oquedad que dibuja el horizonte, no pudo dejar de recordar imaginarios afectos junto relaciones y voces imaginarias.

Entonces, sintiéndose hartada de esa carencia de realidad con que había pegoteado sus días desde hace tanto tiempo, empuñó sus manos apretando las uñas contra sus palmas y lanzó un alarido desgarrado. El alarido bajó desmoronándose hecho alud, atravesó paisajes y cenizas de bosques quemados, deshojó claveles, removió sombras tendidas y pinos hachados. Se contorneó siguiendo cordilleras, para rozar el margen de las olas y virar brusco para dispararse al cielo, abriéndose y multiplicándose henchido de lluvias, ávido de nubes y del susurrar del viento entre las plumas de las gaviotas. Enarbolado cual pabellón, se desmembró una y otra vez en su frenesí infinito para doblarse contra sí mismo y volver a crecer omnipresente entre serranías y pueblos marchitos.

Cuando creyó que sus párpados estaban pegados y que nunca más podría abrir sus manos, sintió de pronto sus greñas sobre la frente, sus pies descalzos contra la cerámica, y entonces, simplemente descansó. Y el alarido se desprendió para siempre de su boca, cortándose el hilo que lo encumbraba para apagarse irrevocable.
Entonces, volvió a abrir los ojos y se dió cuenta que había vaciado la angustia que se anidaba en su pecho.

Entonces, su dolor dejó de ser real y empezó, al fin, a ser imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.
(N. Parra)

domingo, abril 26, 2009

Ese país

Ese país suena distante, como olas despedazándose en algún roquerío gris imaginario.

Desmesurado, omniprescente, sembrado de imágenes, nopales, espinos, piedras calcinadas y remolinos amarillos. Inmolado en ciudad de Juárez, alimentado de maíz y enchiladas en algún local callejero donde resuena una radio junto a taxis verdes-blancos.

Ese país está clavado en la tierra cual cruz blanqueada de cal.

Acá, la playa infinita, el horizonte y el sol que magulla los cerros. En ese país de nombre entrelazado, la noche triste, la Tenochtitlan persiste, y el temor a la enfermedad, a la hueyzáhuatl, abraza como manto.

Imagino la incerteza, y mientras pienso que la peor, la única pandemia es la del miedo, me hermano en su peor consecuencia, la soledad.

“Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con sus escudos puede ser sostenida su soledad”.
(Poema nahua. Anónimo, Tlatelolco. 1528)

sábado, abril 18, 2009

Batalla

Foto: Graeme Smith


En el cielo se libra una batalla. Las nubes se despedazan, giran, se confrontan como el amor después del amor. Su blanco brilla casto contra el luminoso telón azul que sirve de fondo a esa danza, armonía que se desmorona sin razones ante los zarpazos del viento a medida que el instante se disipa en el pasado.

En esa batalla que se libra en el cielo hay muchas lecturas, un interlineado de grafías de significados diversos, tantos como lectores dispuestos a deslizarse entre sus páginas. Ese cielo que rota y se cierne sobre sí una y otra vez, vibra como el tiempo y las personas que inexorablemente nos atamos a el.

Acá, en la tierra, la brisa se desliza sobre la hierba cobertora de nuestra memoria, mientras de pie nos despedimos con lápidas, prometernos no olvidar, y no nos queda más que aceptar que no son las nubes ni el cielo quienes se difuminan, sino que nosotros, simple e inevitablemente, nos disolvemos en él.

"Después de todo
nos volveremos a encontrar.
El verano extenderá eternamente sus manteles en el suelo
para que dispongamos nuestra fiesta,
y tú serás bella,
como la armónica que el vagabundo toca en
la leñera cuando ha decidido partir el tren
de carga
que lo llevará no se sabe donde.


Después de todo
hay tantas y tantas tierras.
Yo no me impaciento:
tenemos todos los años del mundo para recorrerlas
hasta que de nuevo estemos juntos.
Y tú me contarás
que una noche me conociste en un pequeño
planeta llamado tierra
y vas a hablarme de casas visitadas por la luna,
billetes de lotería,
paseos en bicicleta,
gatos vagabundos,
un girasol dibujado en un muro por caer,
caballos en las playas,
un día de sol.


En otro lugar
lejos de esta tierra y de su tiempo
espero tu rostro
donde están todos los rostros que he amado;
el del pan,
el del cielo,
el del vino.
Y comenzaremos otra vez
a ser esos desconocidos
que se miran y se miran
sin atrever a decirse que se aman."


(Despúes de todo (fragmento). Jorge Teillier)

domingo, marzo 15, 2009

Flame

Foto: Mr. Mark

En My Old flame, Chat Baker parece acariciar lento cada nota, deslizándose con la cadencia del amor maduro, al ritmo de los dedos que recorren la piel de tu pareja, disfrutando en las yemas cada poro. La trompeta irrumpe sensual entre la cortina que produce el raspar de las escobillas contra los platillos de la batería, y ahí dialoga directo con el centro de tí, aquella ermita cubierta de hiedras defendida hasta la muerte, para perderse al final entre el musitar de las teclas de un piano, como una figura que se desprende de tu mirada en un muelle vacío.

En My Old flame, Charly Parker toca de un modo más agresivo y directo, las notas se suceden en un tono más cortante, se suceden escalas, se envuelven como volutas que flotan azules, dejando que las notas se disipen alargando un gemido final desgarrado. El piano es quien anuncia, tenue, la llegada de ese dialogar más impulsivo, sensual y cargado con un dejo de rebeldía que se marcha tal cual llegó, con la sorpresa de quien encuentra algo de pronto que sabe desaparecerá de modo inequívoco.

En My old flame, como en toda melodía, como en todo en verdad, finalmente las notas se apagan, pero nos dejan en la boca el sabor de lo que nunca debió partir, pues el calor que escalda al recordarlo recuerda la vieja llama que lo precedió.

miércoles, marzo 11, 2009

Quiltro

Foto: Maria Loreto
En realidad, no debería haber asombrado a nadie. Desde que todo indicaba que A. se había cargado a ELLA, había claros indicios de que comenzaba a tornarse inevitable.

Esa noche la luz apenas se filtraba entre las ramas de los árboles que cubren la vereda norte de la calle. Entre medio, pegado a la pared, apenas un quiltro somnoliento fue capaz de divisar la silueta escurridiza de M. intentando llegar a la casa de Mauro.

La luna llena gritaba muda en lo alto, una pésima noche para intentarlo, pero el destino es así- pensó, mientras trepaba la reja negra. El pasar por el patio fue rápido, el forzar la puerta, más rápido aún, mas que mal, conocía hace un tiempo esa casa.

De pie, frente a la cama, con el pasamontañas puesto y los guantes apretando su CZ de 9 mm, M. apuntó calmo en dirección a Mauro que dormía plácido. La noche entumía a ese quiltro somnoliento de la esquina, cuando comenzó a sentir la presión del gatillo en su índice.

Instantes después, pensó: será tarde o temprano, él o yo. Mientras tanto, el cáñón de su CZ sin disparar molestaba bajo la axila, la luna volvía a gritar muda en la calle y el quiltro somnoliento de la esquina quedaba atrás aterido de frío.

domingo, febrero 22, 2009

Foto: Anderson Sutherland

Y tú,
que escribes de páramos,
de paisajes desnudos como huesos,
de carnes y bocas que se deshacen en la miel y el agua de panales macilentos.

Y caminas vestida de cenizas,
para nacer entre suspiros y dejar el mundo entre gemidos.

Trepo estrellas por tu cuerpo de aire,
beso tu amanecer cuando yo anochezco.

Mírame, abrazándome con tu pelo de genistas,
y llevame contigo,
al jardin demudado de tus palabras florecidas.

jueves, febrero 12, 2009

Momentos

Foto: Pedro Milanez

Tarde.

Viéndote surgir del Subte, rozando el pasamanos de acero pintado, tu pelo negro y rojo germina desde las entrañas de la tierra para inundar la avenida. Tu presencia rebalsa, trascendiendo tu cuerpo y la lluvia de febrero. La curva de tu cintura desafía la recta trazada entre la acera y los rieles de la estación Callao, todo se conjuga para abofetear la letanía de la multitud que no deja de pasar, sin un porqué ni un donde.

Noche.

De la mano por Bolívar y Defensa, bordeando la hermosa decadencia de la ciudad, sabemos que nuestro pedazo de felicidad respira y anida bajo la fuerza que irradian los árboles junto a la catedral trizada de tiempo. Es tenue nuestro deslizar, como un casco de madera en su roce con el agua, o el susurrar de una hoja agonizante cayendo a tierra.


Bajo los ángeles de piedra posados en lo alto,
entre bandondeones oxidados y pintores prófugos.
No importa el morir de cada día,
el desarme de la ciudad,
ni su furia carcomida.

viernes, enero 16, 2009

Enero

A esa hora de la mañana tenía todas las ganas de enojarme contigo, pero decidí seguir mirando tus fotos. Lucías radiante, con esa sonrisa tan tuya que parece detener el tiempo para grabarlo en la cámara. Tanta felicidad en esas imágenes y ahora yo tan ajeno a ellas, tan distante de los pedazos de tu vida congelados en formato digital para la posteridad.

Sin decir palabra, rumiando ese sentimiento de incomodidad sin disolver, continué revisando las instantáneas que me refregaban en la cara la fragilidad de lo que alguna vez parecieron fuertes lazos de cariño y complicidad. Click tras click, busqué algún signo, algún un guiño que delatase lo que en el fondo temía: el que hubieras reemplazado nuestra otrora inquebrantable compañía por alguna nueva relación más sólida.

Una tras otra, nada descubrí. Simplemente, tu sucesión de miradas y risas. Entonces, a esa hora de la mañana en que tenía todas las ganas de enojarme contigo, simplemente decidí dejarme llevar por el brillo prófugo de tu alegría, envolverme por el velo de paz que caía entre el lente y tu cara. Así, miré el verano por la ventana, busqué el ritmo cansino y gastado de Chet Baker en "My old flame", me alegré por ti, y todo, todo estuvo bien.