Foto: MauroRegalos.
Ese apurado paso que parece arrastrar la ciudad contigo, tu quedarse y no quedarse, el como saboreas la sal para extraerle lo sagrado que el mar y las lágrimas pusieron en ella, el disfrutar una taza de café caliente mientras tus mejillas frías se asoman tras tu bufanda, el amor que demuestras por los palíndromos, las palabras extrañas y por el crujir de la aguja en el surco de un disco girando en la vitrola, tu gusto por acariciar las hojas de un libro con la excusa de leerlo, el desaprensivo tarareo con que repasas las canciones de Los Angeles Negros, la ternura que siempre mostraste por ese futuro hijo que nunca será nuestro, la inquietud que te llena pensando como construir un árbol o contar un cuento, ese brillo ebrio que aparece en tus ojos y en tu sonrisa descarada mientras te dejas llevar por la música, la alegría que te causa el congelar el tiempo en una imagen y caminar junto a las olas, el recuerdo de tu felicidad al encontrarnos aquí y allá, y por sobre todo, por ese disperso y firme entramado que forman tus palabras cuando te aburres de este mundo, te declaras independiente y emprendes vuelo dejándome atado a tu nombre.
Los recuerdos y sueños que nunca se irán,
lo que fue y no aún no ha sido.
El camino sigue,
El camino sigue,
y mañana, mañana siempre es mejor.





