Siempre sentí que estaba solo, hasta que me di cuenta que de verdad lo estaba.
Hasta entonces, el centro del pecho era el huir circular de un viajero extraviado, los dos o tres aleteos de pájaros moribundos, el inundar pegando los pulmones bajo el torrente tibio de la estival lluvia porteña.
Siempre supe que estaba solo, hasta que comencé a sentir que de verdad lo estaba.
Y las tardes huían raudas entre baratas jarras de vidrio, pegajosos manteles plásticos desteñidos, y el enhebrarse del tiempo adivinado en el celeste instante de cigarros quemados.
Tal vez fue una de aquellas mañanas en que el silencio deja traslucir los trinos tras la ventana,
el silencio mojando las paredes, el respirar de la playa infinita, o el inútil balbuceo frente a una pantalla en blanco.
Quizás fue la intuición o la esperanza.
Pero al saber y sentir que estaba completamente solo, abrí los ojos y vi que en verdad no lo estaba.
*Para andresino y a los genes que deja *
La esquinas parecen
ensoñaciones de náufragos
que devoran los cactus por su agua.
...
Hace 6 meses.