Bailas,
Y la música se desliza, sedosa, acariciándote. Cierras los ojos levantando los brazos, cruzándolos sobre tu cabeza, mientras tu pelo es un torrente que brilla y refulge, bajo la luz negra contenida por las paredes.
En ese ritmo me pierdo en tí, en la soledad y tristeza que irradias entre la textura de este instante diáfano. Te marchas, pero tu cuerpo se queda, acunado en el segundo de un océano que se quiebra.
Te observo,
Y tu presencia se recorta, dibujada contra las volutas que permean la luces y el tumulto. Poco a poco coincidimos, mientras adivino una línea translúcida surcando tu mejilla.
El rojo del cigarro brilla entre tus dedos. Fumas, fumamos, la luz riela la lágrima que te atraviesa. Mi mano en tu cintura, y la música que se deshace y cae como las hojas cuando comienzas a secar tu cara con el dorso de tu mano.
Conversamos sin hablar en un rincón de ladrillos gastados, y tu huída sin pausa obsequia la belleza del abandono. Cuando la noche ya se marcha, y la gente es un torrente vaciándose a la calle, guardo tu teléfono junto a tu recuerdo, me prometo llamarte mientras la farolas se apagan, y comienzo a escuchar el diálogo de mis amigos que comentan que el local estuvo horrible, y que lo han pasado pésimo esta noche.
*Para andresino y a los genes que deja *
La esquinas parecen
ensoñaciones de náufragos
que devoran los cactus por su agua.
...
Hace 6 meses.