domingo, junio 24, 2012

M

M. tenía unos 23, ojos negros, pelo largo del mismo color, voz baja muy sexy, cintura de avispa y un cuerpazo que haría tiritar a cualquiera. Cuando sonreía se le marcaban hoyuelos y sus mejillas se sonrojaban levemente. Un aro en la ceja completaba su estilo. Un día le invité una cerveza. Me dijo que después de las seis de la tarde ella no bebía ni comía, porque se producía un cambio hormonal que hacía que la gente engordara, y ella por nada del mundo quería ser una gordita. A los 30 minutos estábamos bebiendo una cerveza Escudo de un litro en un local de no tan mala muerte. Hablamos de todo, me comentó sobre su miedo a la vejez, de que estudiaba inyectarse bótox para prevenir los estragos de la edad. Me dijo que no aceptaba su cuerpo. -Me estas leseando!!!. Sólo me miró, riendo algo con sus ojos, sin decir nada. Quizás ese día, tal vez otro, fuimos a comer sushi y luego a pasear por un centro comercial con unos yogurth helados en la mano. Me dijo que no era creyente, que le gustaban los animales y que la cerveza le daba un poco de asco porque durante años había carreteado demasiado. M. se suicidó la noche del jueves. Tenía unos 28 años. Lo último que leí de ella fue una nota en su Facebook diciendo "pensando que hacer con mi vida". La recuerdo riendo desordenada, enarcando sus cejas y enrojeciendo sus mejillas. No entiendo porqué lo hizo, aunque quizás lo sospecho y por eso lo escribo. Que en paz descanses M.

3 comentarios:

Mayte dijo...

La vida no es la sonrisa que parece del otro lado del espejo.

Un beso!

Mauro dijo...

Lo se Mayte, pero no dejo de pensar en un intento de buscarle explicación a algo que se que no lo tiene.

Otro para ti.

Maribel Peña Carrasco dijo...

¿Estás vivo porteño? te perdí el rastro.. da señales de vida, ¿si? Quiero saber cómo estás no mas.. Un abrazo, Maribel.