domingo, abril 26, 2009

Ese país

Ese país suena distante, como olas despedazándose en algún roquerío gris imaginario.

Desmesurado, omniprescente, sembrado de imágenes, nopales, espinos, piedras calcinadas y remolinos amarillos. Inmolado en ciudad de Juárez, alimentado de maíz y enchiladas en algún local callejero donde resuena una radio junto a taxis verdes-blancos.

Ese país está clavado en la tierra cual cruz blanqueada de cal.

Acá, la playa infinita, el horizonte y el sol que magulla los cerros. En ese país de nombre entrelazado, la noche triste, la Tenochtitlan persiste, y el temor a la enfermedad, a la hueyzáhuatl, abraza como manto.

Imagino la incerteza, y mientras pienso que la peor, la única pandemia es la del miedo, me hermano en su peor consecuencia, la soledad.

“Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con sus escudos puede ser sostenida su soledad”.
(Poema nahua. Anónimo, Tlatelolco. 1528)

3 comentarios:

Laura dijo...

lo paradójico es ver
a tantos países
culturas
tanta diferencia
y todos unidos
por el mismo miedo.


en fin
precioso texto, mau
besos grandes

UMA dijo...

La ùnica pandemia es la del miedo...Sobretodo porque siempre desconfiamos, porque no se nos dà la informaciòn que necesitamos.
Tremendo, Mauro.
Muy buen escrito.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Recuerdo como si fuera ahora el bombardeo del Palacio de la Moneda. Tú naciste por esos oprobiosos días.
Pasará el miedo. Todos los miedos se arremolinan en uno. Ya lo conocemos.
Tendría miedo Neruda? No lo creo. Aunque, quien sabe?
Yo tengo miedo de que lo mio se vuelva crónico, se instale para siempre en este Estadio Nacional de mi mente, quedarme con las manos pero sin un acorde, ni un Zamorano que me despierte.
Ah, soy el hermano de Lau. Ella nació con un poema bajo el brazo.
Gracias por transitar por sus aceras.
Te dejo unos versos de Rosalia: Triste é o cantar que cantamos,
mais ¿qué facer, se outro mellor non hai?
Moita luz deslumbra os ollos
causa inquietude o moito desexar.
Cando unha peste arrebata homes tras homes, n'hai
máis que enterrar de presa os mortos,
baixar a frente, e
esperar
que pasen as correntes apestadas...
¡Que pasen..., que outras vendrán!

Herrero