A esa hora de la mañana tenía todas las ganas de enojarme contigo, pero decidí seguir mirando tus fotos. Lucías radiante, con esa sonrisa tan tuya que parece detener el tiempo para grabarlo en la cámara. Tanta felicidad en esas imágenes y ahora yo tan ajeno a ellas, tan distante de los pedazos de tu vida congelados en formato digital para la posteridad.
Sin decir palabra, rumiando ese sentimiento de incomodidad sin disolver, continué revisando las instantáneas que me refregaban en la cara la fragilidad de lo que alguna vez parecieron fuertes lazos de cariño y complicidad. Click tras click, busqué algún signo, algún un guiño que delatase lo que en el fondo temía: el que hubieras reemplazado nuestra otrora inquebrantable compañía por alguna nueva relación más sólida.
Una tras otra, nada descubrí. Simplemente, tu sucesión de miradas y risas. Entonces, a esa hora de la mañana en que tenía todas las ganas de enojarme contigo, simplemente decidí dejarme llevar por el brillo prófugo de tu alegría, envolverme por el velo de paz que caía entre el lente y tu cara. Así, miré el verano por la ventana, busqué el ritmo cansino y gastado de Chet Baker en "My old flame", me alegré por ti, y todo, todo estuvo bien.
*Para andresino y a los genes que deja *
La esquinas parecen
ensoñaciones de náufragos
que devoran los cactus por su agua.
...
Hace 6 meses.