
Hace rato que quiero escribir algo, pero no me sale.
Y quizás no quiere salir porque anula las ideas, las nubla, pues todo en torno a su persona es básico, primitivo y por lo mismo es fácil caer en la obviedad. Bajo su gobierno disentir se reducía a eso, discusiones elementales, peleas mínimas que por lo mismo eran máximas, mortales para demasiados.
La obviedad absoluta siempre en duda, no matarás, respetarás a los vencidos, el estado no es una herramienta represiva, la peor democracia es mejor que cualquier dictadura, la subordinación de la lógica y brutalidad militar a la civilidad. La inseguridad sobre cualquier consenso que no fue aquel concebido a efectos de la seguridad nacional para impedir la malsana influencia de "ideologías foráneas".
Tiene 91, pero quizás ya ha muerto demasiadas veces, con Letelier, Prats, profesores degollados, con cada y por cada desaparecido, fusilado, asesinado, cada vez que derivó su responsabilidad en sus subordinados, buscando eludir la justicia o un inexistente veredicto histórico, en cada ocasión que decidió ser el pitbull azuzado por quienes disfrutaron ver como soltó su correa para devorar y no soltar jamás a su presa.
Tiene 91, pero quizás sigue muriendo, porque para morir no es necesario perder la vida, basta extraviar el alma. Representa algo terrible, es el símbolo para quienes defienden los fines sin valorar los métodos, sin importar la suerte de nadie que no seas tu mismo, simplemente caminar, caminar, dejando atrás un silencio de sepulcro, una huella teñida de rojo, un hondo seguir estando sin estar nunca más.