Hace cinco días que no para de llover, una lluvia eso sí algo hipócrita, a medias, nunca intensa, siempre, o casi siempre, llovizna. Lo mismo el viento, sopla fuerte, pero no de manera continua, sino que por períodos cortos, pequeñas explosiones de furia descontrolada pero de corta duración, como un padre que riñe a un hijo pero con sentimiento de culpa, acordándose quizás de los consejos de algún terapeuta familiar. El viento no sopla paralelo al suelo, sino que baja en diagonal desde lo alto del cerro, el cerro que le da la espalda al pueblo y que no deja de recordarme a la montaña de "Encuentros cercanos de tercer tipo", eso sí, sin ovnis y sin Richard Dreyfus.
La lluvia invariablemente me trae al sur de vuelta, en particular, un verano de 1994 en la Patagonia, en un lugar en ningún lado, más bien entre dos nombres, Puerto Cárdenas y Villa Santa Lucía, sólo me falta el olor a leña, a chocolate con leche, las sopaipillas fritas, y el frío. Un frío extraño, húmedo, con olor a tierra mojada, y acompañado de viento Puelche, frío que no me resfriaba, sino que más bien me enfermaba de hambre.
Activando de nuevo la máquina de tiempo, esta vez girando la perilla para que nos lleve aún más atrás, la lluvia me recuerda 1979, la ciudad de Punta Arenas, junto al estrecho de Magallanes. En este caso eso sí, el frío era intenso, con nieve, uno que quemaba la piel si no te ponías guantes, acompañado casi siempre de viento, mucho viento y escarcha. Y claro, un disco de Neil Diamond, uno de vinilo que sonaba en mi casa, generalmente los días domingo temprano en la mañana, y que hacía que te grabaras en algún lugar del inconsciente el tema "September morning".
Quiero que pare de soplar el viento, que deje de lloviznar, y que simplemente el clima tome una decisión, o sale el sol o llueve con furia. No más medias tintas, a estas alturas ya no estamos para eso.
Y mientras desvarío y alego contra el clima, me vuelve a dar hambre y continúo con mi campaña de engordar, o más bien, sigo el proceso progresivo de llegar a ser menos flaco, comiéndome esta vez una sierra al horno. Pero afuera, bueno, afuera simplemente vuelve a lloviznar, y yo, en un arranque de egocentrismo atmosférico, creo que todo es a propósito, quizás sólo con el fin de reirse un poco de mis tajantes y desconcertantes deseos.
En JFDEZ
*Para andresino y a los genes que deja *
La esquinas parecen
ensoñaciones de náufragos
que devoran los cactus por su agua.
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Hace 6 meses.