sábado, mayo 23, 2009

Benedetti



Te despide la soledad más concurrida de todas, una ordenada como procesión, llena, más llena que nunca de adioses hace tiempo.

Buen viaje.

"Mi táctica es quedarme en tu recuerdo. 
No sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en vos."

jueves, mayo 14, 2009

Parra

Ese día se levantó hartada de incertezas. Se acercó a la ventana y miró hacia el cerro divisando paisajes, sombras y soles imaginarios. Y cuando su ojo exploró la oquedad que dibuja el horizonte, no pudo dejar de recordar imaginarios afectos junto relaciones y voces imaginarias.

Entonces, sintiéndose hartada de esa carencia de realidad con que había pegoteado sus días desde hace tanto tiempo, empuñó sus manos apretando las uñas contra sus palmas y lanzó un alarido desgarrado. El alarido bajó desmoronándose hecho alud, atravesó paisajes y cenizas de bosques quemados, deshojó claveles, removió sombras tendidas y pinos hachados. Se contorneó siguiendo cordilleras, para rozar el margen de las olas y virar brusco para dispararse al cielo, abriéndose y multiplicándose henchido de lluvias, ávido de nubes y del susurrar del viento entre las plumas de las gaviotas. Enarbolado cual pabellón, se desmembró una y otra vez en su frenesí infinito para doblarse contra sí mismo y volver a crecer omnipresente entre serranías y pueblos marchitos.

Cuando creyó que sus párpados estaban pegados y que nunca más podría abrir sus manos, sintió de pronto sus greñas sobre la frente, sus pies descalzos contra la cerámica, y entonces, simplemente descansó. Y el alarido se desprendió para siempre de su boca, cortándose el hilo que lo encumbraba para apagarse irrevocable.
Entonces, volvió a abrir los ojos y se dió cuenta que había vaciado la angustia que se anidaba en su pecho.

Entonces, su dolor dejó de ser real y empezó, al fin, a ser imaginario.

Y en las noches de luna imaginaria
sueña con la mujer imaginaria
que le brindó su amor imaginario
vuelve a sentir ese mismo dolor
ese mismo placer imaginario
y vuelve a palpitar
el corazón del hombre imaginario.
(N. Parra)

domingo, abril 26, 2009

Ese país

Ese país suena distante, como olas despedazándose en algún roquerío gris imaginario.

Desmesurado, omniprescente, sembrado de imágenes, nopales, espinos, piedras calcinadas y remolinos amarillos. Inmolado en ciudad de Juárez, alimentado de maíz y enchiladas en algún local callejero donde resuena una radio junto a taxis verdes-blancos.

Ese país está clavado en la tierra cual cruz blanqueada de cal.

Acá, la playa infinita, el horizonte y el sol que magulla los cerros. En ese país de nombre entrelazado, la noche triste, la Tenochtitlan persiste, y el temor a la enfermedad, a la hueyzáhuatl, abraza como manto.

Imagino la incerteza, y mientras pienso que la peor, la única pandemia es la del miedo, me hermano en su peor consecuencia, la soledad.

“Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe, y era nuestra herencia una red de agujeros. Con los escudos fue su resguardo, pero ni con sus escudos puede ser sostenida su soledad”.
(Poema nahua. Anónimo, Tlatelolco. 1528)

sábado, abril 18, 2009

Batalla

Foto: Graeme Smith


En el cielo se libra una batalla. Las nubes se despedazan, giran, se confrontan como el amor después del amor. Su blanco brilla casto contra el luminoso telón azul que sirve de fondo a esa danza, armonía que se desmorona sin razones ante los zarpazos del viento a medida que el instante se disipa en el pasado.

En esa batalla que se libra en el cielo hay muchas lecturas, un interlineado de grafías de significados diversos, tantos como lectores dispuestos a deslizarse entre sus páginas. Ese cielo que rota y se cierne sobre sí una y otra vez, vibra como el tiempo y las personas que inexorablemente nos atamos a el.

Acá, en la tierra, la brisa se desliza sobre la hierba cobertora de nuestra memoria, mientras de pie nos despedimos con lápidas, prometernos no olvidar, y no nos queda más que aceptar que no son las nubes ni el cielo quienes se difuminan, sino que nosotros, simple e inevitablemente, nos disolvemos en él.

"Después de todo
nos volveremos a encontrar.
El verano extenderá eternamente sus manteles en el suelo
para que dispongamos nuestra fiesta,
y tú serás bella,
como la armónica que el vagabundo toca en
la leñera cuando ha decidido partir el tren
de carga
que lo llevará no se sabe donde.


Después de todo
hay tantas y tantas tierras.
Yo no me impaciento:
tenemos todos los años del mundo para recorrerlas
hasta que de nuevo estemos juntos.
Y tú me contarás
que una noche me conociste en un pequeño
planeta llamado tierra
y vas a hablarme de casas visitadas por la luna,
billetes de lotería,
paseos en bicicleta,
gatos vagabundos,
un girasol dibujado en un muro por caer,
caballos en las playas,
un día de sol.


En otro lugar
lejos de esta tierra y de su tiempo
espero tu rostro
donde están todos los rostros que he amado;
el del pan,
el del cielo,
el del vino.
Y comenzaremos otra vez
a ser esos desconocidos
que se miran y se miran
sin atrever a decirse que se aman."


(Despúes de todo (fragmento). Jorge Teillier)

domingo, marzo 15, 2009

Flame

Foto: Mr. Mark

En My Old flame, Chat Baker parece acariciar lento cada nota, deslizándose con la cadencia del amor maduro, al ritmo de los dedos que recorren la piel de tu pareja, disfrutando en las yemas cada poro. La trompeta irrumpe sensual entre la cortina que produce el raspar de las escobillas contra los platillos de la batería, y ahí dialoga directo con el centro de tí, aquella ermita cubierta de hiedras defendida hasta la muerte, para perderse al final entre el musitar de las teclas de un piano, como una figura que se desprende de tu mirada en un muelle vacío.

En My Old flame, Charly Parker toca de un modo más agresivo y directo, las notas se suceden en un tono más cortante, se suceden escalas, se envuelven como volutas que flotan azules, dejando que las notas se disipen alargando un gemido final desgarrado. El piano es quien anuncia, tenue, la llegada de ese dialogar más impulsivo, sensual y cargado con un dejo de rebeldía que se marcha tal cual llegó, con la sorpresa de quien encuentra algo de pronto que sabe desaparecerá de modo inequívoco.

En My old flame, como en toda melodía, como en todo en verdad, finalmente las notas se apagan, pero nos dejan en la boca el sabor de lo que nunca debió partir, pues el calor que escalda al recordarlo recuerda la vieja llama que lo precedió.

miércoles, marzo 11, 2009

Quiltro

Foto: Maria Loreto
En realidad, no debería haber asombrado a nadie. Desde que todo indicaba que A. se había cargado a ELLA, había claros indicios de que comenzaba a tornarse inevitable.

Esa noche la luz apenas se filtraba entre las ramas de los árboles que cubren la vereda norte de la calle. Entre medio, pegado a la pared, apenas un quiltro somnoliento fue capaz de divisar la silueta escurridiza de M. intentando llegar a la casa de Mauro.

La luna llena gritaba muda en lo alto, una pésima noche para intentarlo, pero el destino es así- pensó, mientras trepaba la reja negra. El pasar por el patio fue rápido, el forzar la puerta, más rápido aún, mas que mal, conocía hace un tiempo esa casa.

De pie, frente a la cama, con el pasamontañas puesto y los guantes apretando su CZ de 9 mm, M. apuntó calmo en dirección a Mauro que dormía plácido. La noche entumía a ese quiltro somnoliento de la esquina, cuando comenzó a sentir la presión del gatillo en su índice.

Instantes después, pensó: será tarde o temprano, él o yo. Mientras tanto, el cáñón de su CZ sin disparar molestaba bajo la axila, la luna volvía a gritar muda en la calle y el quiltro somnoliento de la esquina quedaba atrás aterido de frío.

domingo, febrero 22, 2009

Tú

Foto: Anderson Sutherland

Y tú,
que escribes de páramos,
de paisajes desnudos como huesos,
de carnes y bocas que se deshacen en la miel y el agua de panales macilentos.

Y caminas vestida de cenizas,
para nacer entre suspiros y dejar el mundo entre gemidos.

Trepo estrellas por tu cuerpo de aire,
beso tu amanecer cuando yo anochezco.

Mírame, abrazándome con tu pelo de genistas,
y llevame contigo,
al jardin demudado de tus palabras florecidas.

jueves, febrero 12, 2009

Momentos

Foto: Pedro Milanez

Tarde.

Viéndote surgir del Subte, rozando el pasamanos de acero pintado, tu pelo negro y rojo germina desde las entrañas de la tierra para inundar la avenida. Tu presencia rebalsa, trascendiendo tu cuerpo y la lluvia de febrero. La curva de tu cintura desafía la recta trazada entre la acera y los rieles de la estación Callao, todo se conjuga para abofetear la letanía de la multitud que no deja de pasar, sin un porqué ni un donde.

Noche.

De la mano por Bolívar y Defensa, bordeando la hermosa decadencia de la ciudad, sabemos que nuestro pedazo de felicidad respira y anida bajo la fuerza que irradian los árboles junto a la catedral trizada de tiempo. Es tenue nuestro deslizar, como un casco de madera en su roce con el agua, o el susurrar de una hoja agonizante cayendo a tierra.


Bajo los ángeles de piedra posados en lo alto,
entre bandondeones oxidados y pintores prófugos.
No importa el morir de cada día,
el desarme de la ciudad,
ni su furia carcomida.

viernes, enero 16, 2009

Enero

A esa hora de la mañana tenía todas las ganas de enojarme contigo, pero decidí seguir mirando tus fotos. Lucías radiante, con esa sonrisa tan tuya que parece detener el tiempo para grabarlo en la cámara. Tanta felicidad en esas imágenes y ahora yo tan ajeno a ellas, tan distante de los pedazos de tu vida congelados en formato digital para la posteridad.

Sin decir palabra, rumiando ese sentimiento de incomodidad sin disolver, continué revisando las instantáneas que me refregaban en la cara la fragilidad de lo que alguna vez parecieron fuertes lazos de cariño y complicidad. Click tras click, busqué algún signo, algún un guiño que delatase lo que en el fondo temía: el que hubieras reemplazado nuestra otrora inquebrantable compañía por alguna nueva relación más sólida.

Una tras otra, nada descubrí. Simplemente, tu sucesión de miradas y risas. Entonces, a esa hora de la mañana en que tenía todas las ganas de enojarme contigo, simplemente decidí dejarme llevar por el brillo prófugo de tu alegría, envolverme por el velo de paz que caía entre el lente y tu cara. Así, miré el verano por la ventana, busqué el ritmo cansino y gastado de Chet Baker en "My old flame", me alegré por ti, y todo, todo estuvo bien.

martes, enero 13, 2009

Paralelo

Dicen que nieva en Madrid.
Cae plata el cielo, flotando aéreo, rozando la tierra.

Y acá el sol muerde la piel sin tregua.
La arena quema y ciegan las olas traslúcidas.

Hoy Madrid debe ser blanco, las calles de Barajas se detienen,
se cierra Méndez Alvaro, imperceptible, intrascendente, indiferente.

Hoy sopla el verano montado en la brisa de la tarde,
se abren las calles, vibra la gente, enmudecen soledades.

Camino junto al vendedor de dulces que no habla y los aferra sin querer venderlos.
Recuerdo al "australiano" que vive entre los viajeros de la T2, sin querer o poder salir de ahí.

Paso bajo el sol y el calor de la ciudad,
Pienso en la nieve y el frío de Madrid.

jueves, enero 01, 2009

01/01/09

00:00 hrs.

La energía de la gente se siente en el aire. Los perros huyen despavoridos por el ruido de los fuegos artificiales, el tránsito se detiene. Todo vibra, la playa está repleta y el mar se ilumina de colores mientras todos miran al cielo, el únido lugar en donde se pide un nuevo comienzo. Entre los brindis, risas y abrazos, la noche y la ciudad parecen tomar vida propia. Se celebra con los que están. Se recuerda a quienes no están. Se canta, grita y llora.

03:45 hrs.

El local está repleto, de personas, ruido, de miradas que se entrecruzan de un rincón a otro, formando un tejido de insinuaciones y complicidades. La música no permite hablar, mientras todo se cubre de humo, los garzones corren derramando tragos, y se quema la madrugada en una explosión de ganas de olvidar todo, dejándose llevar por la marea humana que inexorablemente desemboca en la pista de baile.

11:35 hrs.

El primer despertar del nuevo año empieza tarde, con sed y en silencio. No se puede recibir con ruido la resaca. La ciudad, viva en la noche, se dobla en un mutismo de domingo. Sólo el canto de los pájaros y el zumbido fugaz de algún auto quiebran el inicio del 2009. Se recobra poco a poco el ritmo, se piensa en lo que vendrá en el día, se olvida la noche, y todo comienza una vez más.

Feliz año nuevo a todos.

sábado, diciembre 20, 2008

Temblores


La tierra tiembla este fin de año, habla interrumpidamente, pero se hace notar con movimientos intensos, de corta duración. A ratos eso no le basta, así que ocasionalmente se acompaña de un zumbido sordo que se desplaza desde su centro hasta aquel que concentra todos nuestros temores.

En verdad, no es novedad que la tierra se remezca en diciembre, al menos no literalmente, pues es el mes que elegimos para cerrar el año, completar un ciclo en donde la luz alcanza su victoria el 21 en el solsticio, celebrar la esperanza el 25 y recibir una nueva oportunidad el 31.

Se seguirá moviendo la tierra, no hay duda alguna, así que sólo queda abandonarse al destino, ya que la conciencia de la inutilidad final del esfuerzo humano puede ser lo que realmente nos remece en diciembre. Nos hace tambalear el saber que al completar el giro nada somos una vez más, y que sólo la felicidad dada y recibida, el valor de lo simple y lo cotidiano, es lo que nos regala un poco de luz, para hallar sentido a la vida, y darnos cuenta de lo felices que realmente somos.

jueves, diciembre 18, 2008

Puerto

Foto: Rubén de Almeyda

Tan sólo caricias incompletas, apetitos ávidos de segundos que fluyen sin ser devorados podrían crecer en este puerto herido.

Caminos álgidos, y besos tenues, pabilos consumidos al ritmo de las olas que llevan sin traer.

No crecen prados en esta ciudad soñada y bebida al ritmo de la tragedia del amor inconcluso y el cariño arrendado.

La ternura en diáspora y la caricia célibe han sido expulsadas de los barrios turgentes de noche,
de maquillajes y deseos hechos a medida,
de amores caídos como aguaceros, que van y vienen en la marea del tiempo.

Soñados como el mar somos,
soñados en la penumbra,
entre la fragancia de una piel que no es tuya,
en ojos que duermen atravesados de almas canalizadas por el pulso de calles moribundas y el gritar mágico de caricias hechas lágrima.

Fumo tu compañía como quien dibuja y soterra la noche,
acaricio tus ojos como quien clama al cielo sin pronunciar palabra.

Un pastor mudo ante un pastizal teñido de ovejas degolladas.

Me callo y enhebro palabras, recordando tu piel de escarcha,
lacerando aceras grises, quemando tu memoria de estrella grácil.

Una oveja negra despreciando compañeras apacentadas de resignación.

Inerme y silente ante la noche.
Inerme y tránsfugo en tu fábulo cariño.
Inerme y devastando tus labios de marítima nieve.