Eso era la soledad,
el carcomerse el alma escapando de uno mismo,
el no soportar la voz del yo y su estruendoso silencio.
Esos eran los días.
Hoy son el residuo del mar y su susurro libérrimo,
el navegar sin timón ni pasado que nos gobierne,
El entierro del sollozo y el parto al vacío.
Hoy es el deshojar las horas
prendido a una piel entre los brazos.
*para indah, in memoriam *
Pasaron los meses del aniversario
y eran eslabones
que pesaban entre el hundimiento:
pero nada brotaba.
Se iban los ...
Hace 1 mes.