sábado, diciembre 14, 2019

Viaje




Y cada cual en lo suyo,
en lo de éste y en lo de aquello,
circulando entre los tatuajes de su propio tiempo.

Yo en el silencio viajo,
siguiendo los reflejos y los viejos colores que transitan conmigo,

cómo si susurraran un algo que no llego a entender ni a tocar,
mientras se marchan y disipan sin más, 

sin lograr atarlos,
ni hacerlos partes de mi y de mi propio tiempo.

domingo, noviembre 24, 2019

Es, somos



Es la mañana de un domingo,
uno cualquiera,
tapizado de proclamas,
de declaraciones fuertes como las olas,
de sueños libres y odios flamígeros.

Es el caminar por las alamedas,
de hombres y mujeres libres,
tristes y preocupados,
por aquello que viene y no llega,
por lo que llegó y no se va.

Es la rabia empuñando una bandera,
la sonrisa indeleble de los niños,
el susto del inmigrante,
la alegría de los perros y
la incredulidad de quien nada ha perdido pues nunca ha tenido nada.

Es la patria en mis zapatos,
el país de mis afectos,
nuestro campo de flores bordado,
las calles lacrimógenas, las piedras y los rayados.

Es la fatalidad que se asoma,
tantas tumbas de tanto muerto en vida.


Soy yo y mi soliloquio,
los de aquí, los de allá y los de ninguna o de todas las partes.


Soy yo incompleto y somos cada cual,
intentando ser todos.

viernes, noviembre 08, 2019

Pequeña Carta a Fernanda



Te cuento, chiquita, que hoy es viernes 8 y ya son ocho meses,
y el tiempo desgarra, acelera y va lento, dependiendo del día,
de las horas, de la noche,
y de la angustia que se mete y no suelta.

Te cuento que buscamos pájaros,
para verte entre ellos, libre,
como si nos miraras entre las hojas,
de los árboles que van quedando,
en este mundo que se va achicando,
día a día, marcha a marcha.

Hoy soplaba fuerte el viento en el Atlántico,
parecías llenar de ti la playa desolada,
y estabas en los prados,
en Güemes, en Alberti,
caminabas por la cuadrícula de la ciudad,
para luego esconderte y hacer resonar en nosotros tu partida.

Estás y no estás, siempre.
Eres el espacio que nos arrancaron,
el que falta irremediable.

No se como quererte, tampoco como olvidarte,
ni el color de tus ojos o el de tus sueños.
No conocí el sonido de tu voz o tus palabras,
para recordar cuando la vida duele y mancha.

Tu misma eres lo que me quedó de ti,
tus 37 semanas,
la alegría de tu madre,
tus vestidos y juguetes,
y esa esperanza dulce, tan querible y terrible,

la que te mira y te trae día a día para tomar tu mano sin poder tocarte,
paso a paso,
desde ya hace ocho meses.

jueves, julio 25, 2019

Agua


Es el sonido del agua,
el que discurre,
delineando el tiempo
que se hace relato,
susurrándote para transportarte
a un lugar que no es aquí
ni volverá a ser de nuevo.

Es ese sonido,
el que bruñe las piedras,
rozándote,
para moldearte sin mas,
aquel que lleva y trae,
el estruendo de las palabras
que no alcanzaron a brotar de ti.

Es ese palpito,
en el suave discurrir,
el que me habla una y otra vez,
mezclando el espanto y la angustia
para devolverme luego,
a esa orilla,
donde me encuentro cuando me lleva contigo.

martes, julio 23, 2019

Esta hora



Esta es la hora,
en que tu voz resuena
en el vacío llamado angustia,
que horada y rebalsa,
sin cauce que lo contenga.

Esta es la hora,
de ese frío aliento,
dentellada en la garganta,
junto al puño que se alza,
inútil,
por el absurdo que no acaba.

martes, julio 09, 2019

Providencia


El deslizar de las nubes,
el lejano y leve cantar de los pájaros,
era como pasaba el tiempo.

Ahora sólo nos vamos con él.

Y las calles se repiten,
idénticas, aceleradas,
cuando todo y todos pasan,
con la prisa que no lleva ni trae.

Los gorriones ya partieron,
junto al flechazo de las golondrinas, 
ahora sólo queda echarse al bolsillo unas luciérnagas,

y perderse entre vitrinas, galerías y caracoles.

Salpicadas de tanto,
de viejas marcas, esfuerzos y peluquerías,
de los nuevos que llegan,
a instalar talleres, colaciones y sex shop.

Y vas por Carmen Silva o Pedro de Valdivia,
tomas Lota, Holanda y Los Leones,
buscando el rumor de los árboles.

Que ahora también está perdido.

Y buscas -extraviado-  siempre,
el centro de todos los centros,
el único donde puedes descansar de tí.

jueves, junio 06, 2019

Para tí

Quédate con nosotros,

Cuando todos se hayan ido,
Y sigamos siendo náufragos en la única orilla
que logramos alcanzar.

Cuando la luna caiga,
y los pájaros se levanten desbandados por
las risas, las carreras y los juegos que quisiste para ti.

Entonces, quédate a nuestro lado.

Aferrada a tus sueños de unos días,
y al dormitar
de tu rostro de luz y paz.

Mientras la imagen de ti
se apoza, se graba y descansa,
mientras nuestro ser busca palabras que no existen,

Tan solo quédate sin perderte nunca.

Que tú nombre siga mojando tu frente,
para aferrarnos a ti,
abrazarnos los tres,
Y dejar un día que las cenizas de lo que soñamos
vuelen juntas
Para nunca más volver.

sábado, marzo 31, 2018

Tres

Quizás, tan solo
detener la rodada.

La espera y la esperanza,
vana.

Olvidar así,
el día que no llega,
el abrazo que no das,
la risa que no vives.

Cuantas veces,
habrá que esperar,
vistiendo la fortaleza que se escapa.

Cuantos días,
tenderán ilusiones,
para trozarlas de nuevo en el ir y venir
de la marea donde fuimos a caer.

Mientras,
el tiempo no escampa,
la espera pervive,
y la esperanza se marcha,
junto a ti mismo, corriendo por tu costado.


martes, febrero 20, 2018

Pregunta

Me pregunto como es el sueño de los pájaros,
el de los árboles,
o el de la noche.

Cuando resuena la ciudad,
y el frenesí que no para.

Me pregunto sobre el sueño,
de aquellos que aún no despiertan,
y tan sólo se abrazan para no seguir cayendo.

domingo, diciembre 24, 2017

Navidad 2017

Creo que la navidad fue hecha para la soledad. La de la niñez, la del dolor, la del abandono. Parece misteriosamente diseñada para el aislamiento, en el que te apartas, huyendo, atrincherándote. Hay demasiadas soledades, la del drogadicto, perdido en el laberinto de su mente; la del depresivo, extraviado entre pastillas y neurotransmisores; o la del sin sentido diario, la cual maremoto de angustia, se clava en el pecho, socavando, abriendo la llaga que devora sin cesar una y otra vez. Y todas ellas convergen, como las penas o esa risa que no escampa, para reunirse sin remedio o escapar sin ton ni son, liberando. Como si el 24.12 las soledades se hermanasen, la del hambriento, del enfermo y de aquel sobrepasado, del que huyen amigos, familiares, tirios y troyanos. Cual leproso portando un cencerro. La máxima es nacer solos y morir tal cual, en la abundancia o la inopia, pero solos al fin y al cabo, enmarañados de horarios, relaciones geniales y fallidas, combinaciones, aeropuertos, micros, taxis y desvelos. La navidad cae sobre tantos. Como lo hace la felicidad o los recuerdos, o como la llaga que abre la herida que portas desde hace demasiado. Trae la luz, que ilumina y ciega cuando la miras a la cara y la cruda verdad te inunda. Cuestión de extremos, del todo o nada. Se desploma, sobre los varados, extraviados y desvalidos. Sobre el antiguo vecino desaparecido que nunca más se vió, sin que nadie sepa como ni porqué. También sobre Popeye, y sus cajas de vino, su trabajar sin renuncia, y su caminar oscilante, mientras el mundo pasa a su lado sin verlo. Demasiados congregados y perdidos, devorados por la bruma del tiempo. Sin saber o sin decir, de donde, cuando, como ni porque, Tan solo cayendo, como un epiléptico alcohólico, cegado, llagado por el sol, y solo, como yo, tú, nosotros y ellos. Con el mismo vacío, que alimenta, rotundo y maniqueo la auténtica felicidad de tantos, el duro empeño por ser felices de otros, y la soledad de muchos, demasiados. Otros, al fin y al cabo, todos ellos, uno mismo.

martes, noviembre 11, 2014

41

11/11. Como el sol, brillante, liviano, cercano. Un día simple y alegre, como si el tiempo no hubiese pasado, como si la felicidad siempre hubiera estado al alcance de todas las manos.

domingo, junio 24, 2012

M

M. tenía unos 23, ojos negros, pelo largo del mismo color, voz baja muy sexy, cintura de avispa y un cuerpazo que haría tiritar a cualquiera. Cuando sonreía se le marcaban hoyuelos y sus mejillas se sonrojaban levemente. Un aro en la ceja completaba su estilo. Un día le invité una cerveza. Me dijo que después de las seis de la tarde ella no bebía ni comía, porque se producía un cambio hormonal que hacía que la gente engordara, y ella por nada del mundo quería ser una gordita. A los 30 minutos estábamos bebiendo una cerveza Escudo de un litro en un local de no tan mala muerte. Hablamos de todo, me comentó sobre su miedo a la vejez, de que estudiaba inyectarse bótox para prevenir los estragos de la edad. Me dijo que no aceptaba su cuerpo. -Me estas leseando!!!. Sólo me miró, riendo algo con sus ojos, sin decir nada. Quizás ese día, tal vez otro, fuimos a comer sushi y luego a pasear por un centro comercial con unos yogurth helados en la mano. Me dijo que no era creyente, que le gustaban los animales y que la cerveza le daba un poco de asco porque durante años había carreteado demasiado. M. se suicidó la noche del jueves. Tenía unos 28 años. Lo último que leí de ella fue una nota en su Facebook diciendo "pensando que hacer con mi vida". La recuerdo riendo desordenada, enarcando sus cejas y enrojeciendo sus mejillas. No entiendo porqué lo hizo, aunque quizás lo sospecho y por eso lo escribo. Que en paz descanses M.

sábado, diciembre 31, 2011

2012

Nuevamente en el borde, ahora en el de 2011, recuerdo que la vida está en otra parte, como dijo al parecer un tal Rimbaud.

Nada más falso.

La vida es aquí y ahora, es lo que queda delimitado por un muro de realidad que al empujar o intentar mover nos da una razón de ser, la de sentirnos dignos, a la altura de un fin que nos trascienda.

Así, la vida también está en el intento, no necesariamente en el logro, de cambiar ese límite, pues nada más noble que intentar lo que intuimos es imposible.

Cuando quedan tres horas para caer al vértigo, siento que nada peor que quedarse en la vereda o anclado añorando comenzar a vivir cuando recién arribemos a esa otra orilla. Me quedo con el vibrar de la multitud, con la pulsión y belleza que da la esperanza de dejar de derivar para ser siempre partícipe y dueño de parte de nuestro destino y de todas las opciones de ser feliz.