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domingo, febrero 10, 2008

Inti

Se nos viene la noche mujer,

Y tu piel clara parece enmarcada por la oscuridad que llega,
fulgurando contra el trasfondo terso del mar cubierto por tinieblas.

Despunta la noche,
ese espacio en que sólo nosotros estamos,
y entre tu pelo azabache se inflama el rojo,
pincelado como leño abrazado al fuego,
con la impronta de tus labios cálidos,
mordidos,
pintados de carmín,
encendidos por la tibieza de tu cuerpo contra el mío.

Se nos viene el día mujer,

Y pareces acunada por la aurora que nace entre nosotros,
con la paz de tu alma de cristal,
frágil,
como pende de la brizna el rocío,
reposando,
abrazada a mí,
y a la eterna inmensidad de tu atlántica espera.

lunes, agosto 27, 2007

Los momentos

Foto: Sofia Bras Monteiro

Poco a poco, paso a paso, apenas marcando sus huellas en la tierra fría. Ellos van mudos, olvidando sus nombres, caminando con su rostro limpio y su mirada ancha como amanecer.

Como nadie, como todo y todos, ellos se alejan quedos, derivando en la marea del tiempo. Es inevitable su partida, pese a los deseos por detener su marcha sanando la pequeña herida que dejan sin cesar.

Se van, y quiero pensar que es para buscar otros soles, observar algún amanecer rojo, o desafiar, dando la cara, alguna marejada viva.

Se van, y quisiera verlos alegrando otros días, entrando a los puertos azules de los abuelos que se fueron.

Se van, y los imagino sintiendo la tierra negra mojada de esos pueblos lluviosos, verdes y grises.

Y viéndolos irse sin remedio, simplemente espero, confiando en un para siempre, uno que los que traiga de vuelta, o que al menos, haga que dejen de marchar.

Un para siempre que dibujo hoy al calor de una sopa, de una brisca con vino tibio en esas perdidas tardes de familia. Uno que tenga la sencillez, la calma persistente y la escasa eternidad de un bosque de cipreses, alerces, mañíos o coihues.