viernes, enero 01, 2010

Manifiesto 10

Foto: Mauro

Es tan sólo despertar sin tener que sentir en la espalda el peso de tanto comienzo. Sin que los dedos acaricien el borde del que bebes lento, sin erizar cada segundo, ni devorar a dentelladas la nueva mañana.

Es tan sólo el comulgar del aleteo de los pájaros con el trinar de la brisa, el crujir de unos cabellos, la caricia entre dos manos. El descanso borrando conciencias genuflectas y realidades complacientes.

Es el día después.

Cuanto árbol incendiado agoniza derribado.
Cuanto cielo inventado por nuestra fantasía y vejado por nuestra realidad.

Pero es el día después.

Como si cada duelo pudiese terminar.
Como si el mundo nos perdonara,
abriéramos los ojos,
nos diéramos cuenta de que somos felices,
y aún podemos serlo para siempre.

jueves, diciembre 31, 2009

23:49

Pareciera que las gaviotas, mientras vuelan en la noche, también están unidas por la misma electricidad que inunda. Todo comulga, el ansia por quemar lo que queda del año va de la mano con las intenciones para que el siguiente sea mejor.

Todo se trata de círculos, grandes fines, mejores comienzos. Y para cerrar el ciclo marcaremos el hito a fuego, haciendo que el cielo arda.

Olvidaremos la negociación de lo que quedó atrás y de aquello que elegimos quedara en nosotros oscureciendo la luna para olvidarnos del tiempo. Todo será un paréntesis, desconectarse y simplemente dejarnos llevar por el estallido que debe acompañar un nuevo comienzo.

Feliz 2010.

Para G., mi recuerdo, donde sea que estés.

lunes, noviembre 30, 2009

Leviatán

El calor agobia y la cura está entre las imágenes de ti junto al recuerdo del Pacífico que lleva y trae el manifiesto.

Arrojarse a las aguas para no enterrar el destino.
Tener entre los dedos el pulso azul de nuestra vida.

Todo sea por acallar la recurrencia y el sopor que adormece y aletarga. Ser náufragos, hollar la huella que nunca ha existido.

Quizás algún día estaremos cansados de rolar
y sentiremos la mirada de los navíos muertos
junto a un estampido de fardelas pardas .

Allí inundaremos nuestros pechos,
y entonces, simplemente entonces,
construiremos nuestra cruz y descansaremos para siempre.

"Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala."
(H. Melville)

miércoles, noviembre 25, 2009

Polanco

Foto: Mauro

Pensábamos que bastaría nuestro rincón encaramado en el cielo para que todo fuera como siempre lo deseamos, tal cual jurábamos el destino lo tenía predestinado para nosotros.

Y valientes, en esta esquina pintamos de negro un trozo de cielo, enarbolando nuestra desequilibrada república, sin importarnos en lo más minimo que se apoyara en el canto del mundo.

Hoy el tiempo todo ha derruido, desatando una y otra vez los nudos del cielo. Las gaviotas han llegado a desangrar su vientres de lluvia,y las escaleras de este puerto se han teñido de recurrente espanto.

Hoy que sólo quedan los ecos de lo que fuimos, sigue en pie nuestro ácrata refugio.

Y entre los marcos busco las manos con que plantaste las hortensias, la casa se vuelve hermosa cuando la miras-imaginaria, y nuestro pedazo de cielo sigue resistiendo en esa esquina lacerada.

miércoles, noviembre 11, 2009

36

Foto: Mauro

Regalos.

Ese apurado paso que parece arrastrar la ciudad contigo, tu quedarse y no quedarse, el como saboreas la sal para extraerle lo sagrado que el mar y las lágrimas pusieron en ella, el disfrutar una taza de café caliente mientras tus mejillas frías se asoman tras tu bufanda, el amor que demuestras por los palíndromos, las palabras extrañas y por el crujir de la aguja en el surco de un disco girando en la vitrola, tu gusto por acariciar las hojas de un libro con la excusa de leerlo, el desaprensivo tarareo con que repasas las canciones de Los Angeles Negros, la ternura que siempre mostraste por ese futuro hijo que nunca será nuestro, la inquietud que te llena pensando como construir un árbol o contar un cuento, ese brillo ebrio que aparece en tus ojos y en tu sonrisa descarada mientras te dejas llevar por la música, la alegría que te causa el congelar el tiempo en una imagen y caminar junto a las olas, el recuerdo de tu felicidad al encontrarnos aquí y allá, y por sobre todo, por ese disperso y firme entramado que forman tus palabras cuando te aburres de este mundo, te declaras independiente y emprendes vuelo dejándome atado a tu nombre.

Los recuerdos y sueños que nunca se irán,
lo que fue y aún no ha sido.
El camino sigue,
y mañana, mañana siempre es mejor.

lunes, noviembre 02, 2009

Tinerfeña

Foto: Mauro

Cuando despiertes, haré que la luna se quede enlazada a tus rizos, bordada a tus muslos calatos, posada a tu sueño en cada surco de desasosiego.

Sembraré de caricias tu cuello, haciendo crecer una estrella en tus entrañas, despertando una bandada de pájaros negros sobre el hirsuto trigal de tu cabello.

Cuando despiertes sabremos que seguiremos juntos, y no volveremos a caer como nombres sin dueños en la tierra baldía.

No me importará sentir que todo este sueño ha sido en vano, ni que la vigilia te arranca de mí.

Cuando despiertes invocaré tu abandono entre mis manos y soñaremos juntos de nuevo, indiferentes y felices ante el mundo que se acaba.

domingo, octubre 04, 2009

Mercedes


Debió ser en los domingos en la mañana. El silencio era interrumpido de pronto por ese ruido blanco que hacía la cinta y por el crujir de las piezas plásticas del cassette, a continuación comenzaba algún acorde, y su voz amplia y cálida llenaba las habitaciones con Alfonsina y el mar.

Parecía que su canto debía haber nacido en el sur lluvioso, hilado por ponchos y cercado por bosques mirando a Dios entre la niebla. Su emoción transmitía calidez mientras mis viejos limpiaban, hacían el desayuno, conversaban y transmutaban la casa en un hogar. Yo y mi hermano simplemente despertábamos, sin esa sensación de falta sueño indestructible que acompaña cuando llega la adultez.

Hoy se ha ido, como partieron antes Alfonsina, esos domingos, los ponchos y su épica junto a la niñez. Tal cual hoy se marchan los bosques y la lluvia.

Que en paz descanse.

Y te vas allá
como en sueños dormida,
vestida de mar.

martes, septiembre 15, 2009

Hoy

Foto: jam343

Hoy estarás conmigo, y ya no tendré que nombrarte para que vengas, ni cavar el día para extraer tu recurrencia infinita.

La ciudad no será más la tempestad donde varamos cada noche, ebrios campos cercados por el dolor de tu presencia amputada.

Hoy estarás conmigo, no tendré que soñarte para hacerte despertar, pues simplemente tu sonrisa brotará desde las fisuras donde enterramos alguna vez nuestros sueños compartidos.

jueves, septiembre 03, 2009

Alud

Estas letras están empapadas de lluvia, un aguacero imparable acompaña cada trazo, liberando el barrial que las sepultará con su mano fría. Tapas grises esconden el bramido del río, y una pantalla en blanco amortaja el desgarro de los bosques partidos.

Esta patria enhebrada por signos está fundada al borde de todo. Una cruz fue a caer en el sitio donde la parió el océano mientras devoraba cimientos y pilares, encauzando su torrente con una huella de encías ahogadas.

Todo se imbrinca entre el devenir del eco de quienes nos faltan, la humedad mancha los pumas hambrientos, la hiedra abraza a la piedra y el pulso húmedo late bajo los litres, alerces y el coigue que nace desde el cielo derramado. En esta tierra, estas letras y esta patria no son más que la pistola humeante junto al sueño de todos los muertos, el salto suicida a una tumba orlada por cardenales, la mancha raída en la hierba que perdonó el viento.

El sur, la lluvia, el monte y el alud.
El descanso en paz del beso frío que nos pierde para siempre.

domingo, agosto 30, 2009

Intuicion

Siempre sentí que estaba solo, hasta que me di cuenta que de verdad lo estaba.

Hasta entonces, el centro del pecho era el huir circular de un viajero extraviado, los dos o tres aleteos de pájaros moribundos, el inundar pegando los pulmones bajo el torrente tibio de la estival lluvia porteña.

Siempre supe que estaba solo, hasta que comencé a sentir que de verdad lo estaba.

Y las tardes huían raudas entre baratas jarras de vidrio, pegajosos manteles plásticos desteñidos, y el enhebrarse del tiempo adivinado en el celeste instante de cigarros quemados.

Tal vez fue una de aquellas mañanas en que el silencio deja traslucir los trinos tras la ventana,
el silencio mojando las paredes, el respirar de la playa infinita, o el inútil balbuceo frente a una pantalla en blanco.

Quizás fue la intuición o la esperanza.

Pero al saber y sentir que estaba completamente solo, abrí los ojos y vi que en verdad no lo estaba.

viernes, agosto 21, 2009

Andes

Foto: Tito Andronico

Quizás te parezca vedada a ratos siquiera la posibilidad de pisar esa ciudad nueva, rodeada de luces imposibles, colándose por lo que solían ser los resquicios donde antiguos desertores vagaban a más no poder. Es que la vieja ciudad, aquella descascarada y perdida entre el semiconstruir y el derrumbe total, prevalece entumeciéndote los huesos de viento, trayéndote el hambre de los perros desvalidos y las cicatrices de sal sobre el gris insensible de sus muelles vacíos.

Una vez me encontré con la mujer más bella que habia visto, caminaba por una de esas antiguas calles, su presencia parecia un extravío, más propia de esas mañanas de invierno, aquellas que despiertan tras una lluvia, las que llevan en si un cierto eco, uno tan sutil como puede ser el quiebre en una hierba, un reflejo efímero en el Pacífico, un amor pasajero, o la lejana y espiritual persistencia de la cordillera nevada. Esa presencia invocaba la levedad, transportando la inminencia-rasguño en la monotonia- del irrumpir entre el eterno retorno de la cadena de sucesos monocordes con que construimos la otra ciudad.

Pero aunque aún es invierno, las lluvias han quedado atrás, y ya no tendremos el despertar de las mañanas que las despiden. Seguiremos acá entonces, con el sentimiento de tener vedado el paso a la ciudad nueva, condenados a contemplar la montaña prometida, desde el borde del valle, al filo del abismo sin remedio y en el exilio de las promesas, intuyendo que el amor es el espejo deshecho donde duerme el sueño de todos los sueños.

Súbitamente, cuando ya lejos estemos de todo lo añorado, a nuestras espaldas se abrirá nuevamente el mar y los astros acecharán desde su borde, contemplando el arrastre de la tierra hasta el centro del mundo; será el momento en que sabremos que guardamos aún, con toda porfía, la imagen prometida de la ciudad nueva, y que más temprano que tarde volveremos a perdernos en la idea conjugada de su impronta en la montaña eterna.

jueves, agosto 06, 2009

Mañana


Foto: Freaky Styley

El mundo tiene ese quiebre que brota en la tierra, interrumpiendo el instante en que te marchas. El mundo se abre entre tu y yo, tragando tu piel en mi frio, mordiendo mi ser con tu calor.

El mundo está bordado por palabras, misteriosos signos teñidos de negro y violeta. El mundo nace, crece y se disipa, empampado en una estepa baldía, extraviado entre el azul surcado que te separa de mi.

El oceano se quiebra susurrando como un celofán, poseido por el relamido de una quilla ebria. El invierno cruje con sus hielos abriendo la sima del abismo, las islas se incendian, y el Pacífico se desgrana hasta el borde del mundo, lanzándonos a los astros, perdiéndonos hasta el fin del universo.

domingo, julio 12, 2009

Silencio

Al terminar los tragos, la oscuridad parece el rastrojo miserable al fondo de la botella que separa tus ojos de los mios.

Entonces, enmudeces libérrima y la noche se desmorona y gira, disolviendo la realidad en ese charco donde chapotea el irrefrenable e incierto devenir, ahogando todas las preguntas, razones y reflexiones, para quedar sólo ambos, dos sombras unidas por un silencio tejido entre sus bocas.

Calla, parece decir la noche.

Calla y sólo quémame, con el restallido de tus labios tibios y el látigo frio de tus dedos, pues se que no podré alcanzarte con mi palabra desbocada y herida.

Calla y sólo quémame, mientras reclamamos nuestra patria bañada en plata, aferrando los sentimientos antes que al amanecer blanqueen sus huesos calcinados.

Entonces, cuando enmudeces libérrima y la noche se desmorona y gira, germinas en ese surco con que nuestros cuerpos desgarran sus horas, te detienes entre mis manos, y nuestros silencios se alcanzan, para perderse al unísono en el canto embriagado de este cielo negro y derribado.