sábado, noviembre 15, 2008
Refugio
cruce incesante de vidas y soledades,
tráfico de cegueras, indefiniciones, tonterías y notarios,
tu cariño es el refugio, punto final a todo devaneo,
el crisol que funde la esperanza y certidumbre de haber vivido,
haber vivido bien y haber vivido todo.
martes, noviembre 11, 2008
35
Entre las carcomidas avenidas, la rala maleza, y los bandejones salpicados de pétalos. Entre los prados, la playa y su arena negra, los afectos semidormidos y el tupido cielo perlado.
En este día/Entre estos pasos.
Riela aún el amarillo de ese mar sólido formado por colinas y girasoles de Castilla La Mancha. Abriga su luz, el calor, la brisa de incendio y molino.
Hoy escucho temas de Van Morrison, Elliot Smith, Nick Drake y uno de Peter Sarstedt. Leo saludos, contesto llamadas, abro los regalos que da la vida, y muevo la cortina para ver que el día en que cumplo 35 es amplio y luminoso.
miércoles, agosto 13, 2008
Insomnio, manifiesto y despedida
1. Insomnio.
04:00 hrs. El cielo falso sobre mi casa apenas se distingue entre la oscuridad que aún no comienza a irse. Nadie diría que en un instante amanecerá un nuevo día, uno irrepetible. La lluvia golpea el techo, rasguña incesante, crepitando su mensaje oculto, sin letras, sin vocalizar ni escribir.
No puedo dormir ni soñar, sólo recordar que muchas veces sueño.
No vivimos de sueños, pero vivimos por ellos.
2. Manifiesto.
sin más,
lanzadas al aire, escritas en hojas otoñales.
Poesía que no nace, océano que no rompe.
Signos azules garabateados en libretas anilladas de papel roneo,
pegoteadas como el caminar del condenado.
A veces sueño que nuestro hablar se diluye en una diáspora ebria,
fuegos fatuos sobre la tierra agreste y el negro océano.
Una mancha de sangre en cada fonema,
rojo de vida, henchido de carne.
Entonces el metal de nuestra voz tiene sólo una patria,
el monte y las islas, la noche tránsfuga, los bares junto al mar,
el calmo recodo perdido entre los pliegues del mundo.
A veces despierto, y entonces nuestras voces callan,
inútiles, absurdas,
tragadas por el murmullo blanco.
Se apaga entonces todo en recuerdos póstumos,
el océano en llamas se extingue,
y la ciudad nos devora en su pléyade de prisas
y obsesiones plásticas.
A veces despierto, y prefiero seguir soñando.
A veces tengo realidades, y quiero tener promesas.
3. Despedida.
Hoy, jornada y círculo con lluvia de madrugada, todo se conjuga construyendo la antesala al lanzamiento, al acto ciego de impulsarse sin más ni menos después de repetir el mantra, el que susurra que la vida está en este instante, el que se acaba cuando cuando el agua araña machacando las rocas, y la luz se posa sobre la arena deshecha y las gaviotas entumecidas.
Ahora prefiero el espacio abierto que unge la tierra, el mar libérrimo, desatado de nuestra incapacidad de darnos cuenta que somos felices aquí y ahora.
Ahora prefiero el frío agosto previo a la primavera, el silencio mas allá de la capa líquida que llega a morir a nuestros pies.
Acá, pisando el reflejo húmedo que dejan las olas para caminar entre las nubes, ya no hay mucho más que decir. Sólo lanzarse a correr, cerrando un gran paréntesis o abriendo un pequeño intervalo de duración incierta.
"Persiguiendo un sueño innombrable, inclasificable,el sueño de nuestra juventud.
Es decir, el sueño más valiente de todos nuestros sueños"
(R. Bolaño)
sábado, julio 12, 2008
Llegada
y la noche se queda conmigo,
en mi boca llena de sed,
en mi paladar lleno de cigarros derruidos.
Y mi ropa se empapa de oscuridad,
mi caminar de callejas sinuosas,
de ires y venires sin ton ni son.
Los perros acechan y duermen en el frio,
su silencioso padecer se desentiende,
en un circulo que se completa en si mismo.
Las veredas callan mientras la noche se queda conmigo,
y yo me marcho,
siendo el mismo y no siendo nunca más el que soy.
Abriré mi habitación vacía,
mientras canta la noche enmohecida, calmada y cancina,
hueste deshecha en la batalla del día.
Abriré la puerta y me quedaré con la noche,
guardando en mi, lo que se fue del día.
lunes, julio 07, 2008
Imagen de ti
Foto: Jovelino Matosde la brisa marina que sopla tras los vidrios tiznados.
Pasmado, contemplo,
y se desgranan las estrellas cuando alzas tu mano,
ebrias, ante tu belleza de sirena.
Y en la imagen que dibujo de ti,
no hay momento que fluya entre nosotros,
ni marchita luz que ocupe el espacio que nos separa.
Llenando todo rincón, jaspeando callejas,
en la dicha que empapa como aguacero,
está la imagen que dibujo de ti.
Y he buscado la imagen que dibujo de ti,
entre olas, descascaradas paredes medianeras,
ciudades blancas y pastos sutiles.
Entre todo y todas,
en la sonrisa que anuncia tu llegada,
enhebrando diálogos y segundos pisoteados,
he buscado la imagen que dibujo de ti.
A esta hora distante, apaciguada,
segada por la trilla del tiempo,
la imagen que dibujo de ti ya se marcha.
Y reconozco que comienzo a quedarme tranquilo y feliz,
me despido de la imagen que dibujo de ti,
y comienzo a quedarme contigo.
sábado, junio 21, 2008
Vila
Y la música se desliza, sedosa, acariciándote. Cierras los ojos levantando los brazos, cruzándolos sobre tu cabeza, mientras tu pelo es un torrente que brilla y refulge, bajo la luz negra contenida por las paredes.
En ese ritmo me pierdo en tí, en la soledad y tristeza que irradias entre la textura de este instante diáfano. Te marchas, pero tu cuerpo se queda, acunado en el segundo de un océano que se quiebra.
Te observo,
Y tu presencia se recorta, dibujada contra las volutas que permean la luces y el tumulto. Poco a poco coincidimos, mientras adivino una línea translúcida surcando tu mejilla.
El rojo del cigarro brilla entre tus dedos. Fumas, fumamos, la luz riela la lágrima que te atraviesa. Mi mano en tu cintura, y la música que se deshace y cae como las hojas cuando comienzas a secar tu cara con el dorso de tu mano.
Conversamos sin hablar en un rincón de ladrillos gastados, y tu huída sin pausa obsequia la belleza del abandono. Cuando la noche ya se marcha, y la gente es un torrente vaciándose a la calle, guardo tu teléfono junto a tu recuerdo, me prometo llamarte mientras la farolas se apagan, y comienzo a escuchar el diálogo de mis amigos que comentan que el local estuvo horrible, y que lo han pasado pésimo esta noche.
lunes, junio 09, 2008
Paz
Será quizás porque en estos locales siento mejor que nunca las miradas que se tejen, y los cariños parecen menos fugaces cuando la noche transcurre lento. Será tal vez que esos momentos, ajenos al mundo, lejanos del resto de los días, parecen más cotidianos, y forman el sitio preciso para imaginarte fácilmente, sentada en cualquier improbable rincón, sin ese silencio que acompaña invariablemente la imagen que dibujo de tí.
Mientras la cerveza se acaba, y los cigarros queman el momento, parece inevitable la llegada de ese pronto andar que con su cadencia despertará ese inquietante susurro. Volverá entonces el camino ensoñado, el estar sin estar, y el silencio que arde.
Apago el último cigarro, bajo el sorbo final de cerveza, y me alejo del ruido para entrar al estruendoso silencio de la noche en El Puerto. Camino, y entonces, a propósito de nada, descubro que la noche brilla, que el frío quema la piel pero no hiela el alma, y que la soledad, aunque aún presente, dejó hace mucho de ser el hierro que marca cada instante. Entonces, simplemente sonrío, respiro hasta sentir el aire helado en los pulmones, miro a la chica de pelo largo y ondulado que con un libro bajo el brazo sube la calle, y bajo en dirección contraria por las aceras para dirigirme hacia el mar, para dirigirme finalmente a casa.
domingo, mayo 18, 2008
Improviso
Como la puerta que se abrió cuando llegaste,
súbitamente llueve.
Y manchada de luz,
improviso caía entonces la tarde.
Amarilla, coronada de sarmientos,
vestida de otoñal ocaso.
Hoy, como el ruido que arrulla las olas,
simplemente llueve.
Abierto luce el mar,
herido de aguaceros,
libre, inquieto,
bebiendo el agua que mezcla en él
su prófuga letanía.
Y en el frío de la tarde los días áridos
se despiden como recuerdos mustios.
Es la hora tenue en que sólo el agua restalla,
cuando las palabras son inútiles e imperdonables excusas.
Es la hora en que nos cerramos sobre nosotros mismos,
tiempo que se encuentra a sí, momento de caracoles.
Es el día que todo y nada cobra sentido,
cuando los silencios son sonidos profanos.
Es el día de la contradicción,
del abrazo y el cariño con manos y brazos que sobran.
Es hoy cuando sólo las miradas buscan,
cuando serenas reciben al cielo que por fin viene de vuelta.
Distancia

(Del lat. distantĭa)
Para entender lo que es la distancia se debe tener previamente una idea de lo que es el espacio, es decir, ese tramo que yace entre lo que es y uno desearia que fuera, o enunciado de otra manera, aquello que se interpone entre lo que uno no dice y hubiera deseado decir. Abusando de las definiciones, podría conceptualizarse como la separación entre la presencia del estimado lector de la presencia que quisiera junto a sí mismo en aquel instante especialmente vacío y callado.
Es que la distancia es proporcional a tantas lecturas como silencios vas sintiendo mientras transcurre el día. Y su presencia, pocas veces eludible, sólo acrecienta el deseo, el de mantenerla presente en caso de necesitado apuro, o el de eliminarla de manera categórica en ocasión de persistente inconformidad.
La distancia mata, pero también alimenta y da vida. Como desamor y amor, deseo y rechazo, todo en el mismo frasco, todo lenta y pacientemente escaldado. La distancia es un fuego híbrido, el mismo capaz de inflamar un viernes por la noche y de apagar una apacible mañana de un domingo.
Dato: Agregue espacio y soledad en un mismo recipiente, agite y tendrá distancia.
domingo, mayo 04, 2008
Chaitén
Y las calles son páramos que sueñan a las personas que caminaron por ellas. Sus pasos, hoy parpadeos en esta vida en tránsito como ceniza.
Futaleufú resiste,
El río grande, como la Patagonia, la Trapananda, los mañíos, lengas, coihues y cipreses. Y los chucaos cantan entre la lluvia mientras el Puelche arrastra polvo sobre las melgas, el ganado agoniza, y el día se parcha de noche, mientras queltehues y traros se envuelven de blanco, mientras el tiempo, el frío, y los hielos detienen su huída para contemplar el canto que sepulta todo.
lunes, abril 21, 2008
LLuvia
En esta febril tarde jaspeada de espinos,
tráeme el sueño frío de los bosques derribados,
el vuelo impredecible,
la azul llanura que arrastra la mirada hasta perderla.
Que al anochecer nos bendiga la lluvia calma,
líquida persistencia infiltrada en el pavimento crispado,
hondo anhelo que fecunda la semilla ardiente.
Que mojada estalle la entraña telúrica,
empapada brote anudada a su amante de una noche.
En este tarde sin calma, tráeme el sur oceánico,
el viento,
la estrella,
el crugir lento de la barca que lleva tu nombre.
miércoles, abril 09, 2008
Sequía
Es la hora en que callamos confusos, mientras el torbellino de siempre nos arrastra, y en este silencio que se expande añoro la lluvia que no cae, mientras el frio sigue llegando y la sequía impávida se come nuestro mundo y nuestras palabras con él.
Y es en este silencio feble, el que sigue a la hora en que callamos confusos, cuando abres la puerta del pasado para simplemente llegar a casa, abuelo. Cansado, como tantas veces, cantando a Gardel, alimentando zorzales, o llamando a las bandadas negras sobre los cerros amarillos, los mismos que entonces lucían llenos de boldos, maitenes y litres.
Entonces llegas también abuela. Tejiendo ropa, enrollando lana, rodeada de hortensias lilas, de flores rojas sembradas en macetas de greda áspera, entregando cariño como quien siembra trigales, en esa pequeña casa plena de instantes.
Y viene de vuelta el olvido, el sonido sin filtar de la radio, los programas de carreras de caballos sobre la mesa de madera, subrayados de tinta azul con la fe del profeta y la esperanza inexplicable. Afuera, el minúsculo patio se multiplica, trasciende y florece.
Es en esta hora sin tiempo cuando todo se reúne en este instante débil como el azar. La ciudad que ya no existe más deja de estar perdida, mi calle se cubre de pastizales, y la sequía que nos devora parece retirarse, derrotada, a su refugio de palabras mudas como sepelios.
jueves, abril 03, 2008
Cristina
Y en la colina tibia que yace bajo la inmensidad del cielo que rota, sabes que llegar a casa será el triunfo de hoy. Sabes que buscarás como siempre dentro de tí hasta hallar el océano en tu pecho, el horizonte sin límites que te convide a levantarte de pie ante todo y ante todos.
Por la hierba segada vas deslizando tu cuerpo, quebrado reflejo de tu alma, recorriendo el pastizal quemado, mordido por el sol, marcado por la trilla y el viento. Te encuentras luchando en el sinuoso suelo, vestida de belleza, de la dignidad que te regala tu pelea incesante.
Y el destino en la hora sin sombra tiembla ante tu espíritu rebelado entre la hierba seca y cortada. Sola, siempre sola, cada vez más cerca de tu hogar firmemente trazado contra el horizonte estéril.
Todo parece girar al compás de tu determinación. Todo parece centrado en el eje de tu voluntad que pasa por tu corazón.
Siempre, de pie como nadie.
Sabes que el mañana llegará, tal cual el hoy siguió al ayer. Afuera, el silencioso cielo seguirá mirando a quienes no sabemos, a quienes no podemos darnos cuenta, a quienes no logramos sentir la tierra en tus manos laceradas, o el dolor de la fragilidad que desafía tu alma cuando te arrastra contra el pastizal quemado, mordido por el sol, marcado por la trilla y el viento.
Mientras debes arrastrarte para llegar a casa,
Mientras logras el triunfo de saberte viva.




