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domingo, mayo 30, 2010

Otoño

Foto: 231m

Llueve, y la ciudad es el crepitar de una hoguera sumergida entre grillos. Como si el día se rasgara en el trance de un sueño sonámbulo.

El cielo cede a la tierra, nosotros cedemos a él.
El mar es un remolino de malezas azules, la tierra calla penitente.

La mañana cae bajo el velo que la cubre. Como si el tiempo se hubiese marchado, y una figura muda ahogara sus lágrimas.

domingo, mayo 18, 2008

Improviso

Foto: Joao Luc

Como la puerta que se abrió cuando llegaste,
súbitamente llueve.

Y manchada de luz,
improviso caía entonces la tarde.
Amarilla, coronada de sarmientos,
vestida de otoñal ocaso.

Hoy, como el ruido que arrulla las olas,
simplemente llueve.

Abierto luce el mar,
herido de aguaceros,
libre, inquieto,
bebiendo el agua que mezcla en él
su prófuga letanía.

Y en el frío de la tarde los días áridos
se despiden como recuerdos mustios.

Es la hora tenue en que sólo el agua restalla,
cuando las palabras son inútiles e imperdonables excusas.
Es la hora en que nos cerramos sobre nosotros mismos,
tiempo que se encuentra a sí, momento de caracoles.

Es el día que todo y nada cobra sentido,
cuando los silencios son sonidos profanos.
Es el día de la contradicción,
del abrazo y el cariño con manos y brazos que sobran.

Es hoy cuando sólo las miradas buscan,
cuando serenas reciben al cielo que por fin viene de vuelta.

domingo, mayo 04, 2008

Chaitén

Foto: Emol
Chaitén resiste,

Y las calles son páramos que sueñan a las personas que caminaron por ellas. Sus pasos, hoy parpadeos en esta vida en tránsito como ceniza.

Futaleufú resiste,

El río grande, como la Patagonia, la Trapananda, los mañíos, lengas, coihues y cipreses. Y los chucaos cantan entre la lluvia mientras el Puelche arrastra polvo sobre las melgas, el ganado agoniza, y el día se parcha de noche, mientras queltehues y traros se envuelven de blanco, mientras el tiempo, el frío, y los hielos detienen su huída para contemplar el canto que sepulta todo.

lunes, abril 21, 2008

LLuvia

Foto: Sandra

En esta febril tarde jaspeada de espinos,
tráeme el sueño frío de los bosques derribados,
el vuelo impredecible,
la azul llanura que arrastra la mirada hasta perderla.

Que al anochecer nos bendiga la lluvia calma,
líquida persistencia infiltrada en el pavimento crispado,
hondo anhelo que fecunda la semilla ardiente.

Que mojada estalle la entraña telúrica,
empapada brote anudada a su amante de una noche.

En este tarde sin calma, tráeme el sur oceánico,
el viento,
la estrella,
el crugir lento de la barca que lleva tu nombre.

miércoles, abril 09, 2008

Sequía

Foto: Wweegee´s

Es la hora en que callamos confusos, mientras el torbellino de siempre nos arrastra, y en este silencio que se expande añoro la lluvia que no cae, mientras el frio sigue llegando y la sequía impávida se come nuestro mundo y nuestras palabras con él.

Y es en este silencio feble, el que sigue a la hora en que callamos confusos, cuando abres la puerta del pasado para simplemente llegar a casa, abuelo. Cansado, como tantas veces, cantando a Gardel, alimentando zorzales, o llamando a las bandadas negras sobre los cerros amarillos, los mismos que entonces lucían llenos de boldos, maitenes y litres.

Entonces llegas también abuela. Tejiendo ropa, enrollando lana, rodeada de hortensias lilas, de flores rojas sembradas en macetas de greda áspera, entregando cariño como quien siembra trigales, en esa pequeña casa plena de instantes.

Y viene de vuelta el olvido, el sonido sin filtar de la radio, los programas de carreras de caballos sobre la mesa de madera, subrayados de tinta azul con la fe del profeta y la esperanza inexplicable. Afuera, el minúsculo patio se multiplica, trasciende y florece.

Es en esta hora sin tiempo cuando todo se reúne en este instante débil como el azar. La ciudad que ya no existe más deja de estar perdida, mi calle se cubre de pastizales, y la sequía que nos devora parece retirarse, derrotada, a su refugio de palabras mudas como sepelios.

domingo, marzo 30, 2008

México


Foto: Estevao la fuente

Te recuerdo,

Ahora que se cuelan las personas por las comisuras de la ciudad. A esta hora muda, en la que vuelan asincrónicas luces eléctricas por caminos delineados de fosforescencia fría.

Ahora, mientras la ciudad trae su zumbido escondido tras el velo difuso de la noche, quisiera mostrarte el mar sin luna que yace más allá de la maraña ineludible que lleva y trae tu día a día.

Te recuerdo,

A ti, que tan distinta eres de quien ahora escribe. En el taciturno instante de esta noche impávida, durante el momento que comienza a nacer en la hora en que muere el día.

A ti, que cuan lejos estás y tan cerca siempre estuviste, cuando todas las palabras están dichas y en el preciso instante en que quizás cansada vuelves a casa una vez más.

Ahora,

Tan sólo obsequiarte un respiro puro y frío, frente al trozo calmo de azul cobijado bajo el amarillo parpadeo incierto de las farolas.

Y en la orilla, al inicio del camino que siempre va y viene, un silencio en donde nada pase, un silencio que hable sin hablar, llevando y trayendo cada buen momento susurrado al ritmo de cada estrella.