jueves, noviembre 23, 2006

Me largo

Es que es una forma más tajante de decir que me despido, un modo de evitar ese instante de dolor leve que se produce al dejar lo que entendemos por nuestra existencia normal, lo que hemos construido y concebimos como que nos pertenece, nuestra vida al fin y al cabo.

Y no hay como un viaje para cambiar de ritmo apretando el switch, dandole vuelta a la perilla de la monotonía, la enemiga más encarnizada de nuestro día a día. Es que viajar es un quiebre, muchas veces un medio, pero también un fin en sí mismo.

No estar quieto nunca, sentir el vaivén en los pies, ese algo en el pecho que te anima a ir más allá siempre. Hay algo muy de vida en un viaje, es que somos jóvenes mientras queremos movernos, mientras rechazamos quedarnos en lo que estamos, sentimos que el envejecer no es más que permanecer arrumbado entre cojines sin tener siquiera el ánimo de intentar otra cosa, el statu quo, la reacción.

Quizás llegue el momento algún día en que, sin sentirme viejo, ya no quiera viajar más, en una de esas porque en ese instante sienta que ya construí lo que debía, que ya cumplí mi papel por estos lados. Pero eso es algún dia, hoy es hoy, así es que aprovecho para decirle a ese posible yo, libertariamente, que lo mejor del viaje es el viaje, pero también, y en una faceta más conservadora (ok, tengo 33), que lo mejor del viaje puede ser el regreso, esa imagen que queda al volver, simplemente, su recuerdo.

Hasta la próxima.

martes, noviembre 21, 2006

El tren

Foto: Luis Farrolas

De vez en cuando viajo en tren. Y viajar en esos tubo metálicos encapsula, desconecta del mundanal día.

Entras al carro que quedó en frente tuyo en el andén, y te envuelve una sensación de aislamiento, de paréntesis temporal entre lo que hacías hace un rato y lo que piensas hacer cuando llegues a destino. Entonces el tren acelera, y con tu ojo posado en el interior, percibes como el paisaje afuera comienza a desaparecer lentamente, volviéndose difuso mientras los colores son barridos por un brochazo que los vuelve confundibles, como si chapotearan en un mezcla de témpera, de aquella inolvidable clases de artes plásticas del colegio, a la que le echaste mucha agua antes de comenzar a pintar en tu block H10.

No hay mucho ruido en el tren que viajo, las personas generalmente no conversan fuerte, parecen aletargadas por el paréntesis que implica todo viaje. La velocidad, cuando escapa a tu control, parece homogeneizar toda diferencia, eliminando los matices, haciendo confundibles a los unos con los otros, todo es un lapsus mientras se viaja en el, nada podría pasar realmente en ese rato que media entre dos destinos.

Alguna vez viajé en otro tren, uno antiguo, bullicioso, lleno de bultos por todos lados, en esos brillaba la diferencia de todo tipo. Aquella que despertaba al compás del crugir de materiales metálicos, ruidosos, en donde el reino de los polímeros-soporíferos no era más que una fantasía descarriada del tipo "Viaje a las Estrellas", con Sr. Spock inlcuido.

Ese viaje, en un tren llamado "El Rápido" duró 27 hrs, en un trayecto que un bus actualmente hace en 14 hrs. Pero, ¿para que tanta prisa?, ¿para llegar más rápido?, como si la gracia fuese la llegada en vez del viaje, como si buscásemos pasar por alto la mayor parte de los detalles posibles en una carrera desatada y sin frenos de modo tal de olvidar rápido que estamos en un permanente viaje que llamamos vida.

Un tren antiguo no es sólo un tren, es un espectáculo, uno de esos que disfrutas mientras estás tendido en una colina con algo de pasto, mientras disfrutas de un sol agradable de media tarde. Más que un espectáculo de hecho, es una inspiración. Una de esas para las cuales faltan palabras y sobran sensaciones.

Lihn lo dice mejor que yo.

Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia

sábado, noviembre 11, 2006

33

Todo sigue un ritmo, una sucesión predecible sólo hasta el momento presente, pues más allá todo es bruma y oscuridad. El futuro no es más que una sucesión de sonidos por develar, una improvisación, una sesión de jam, un solo de saxo tenor o trompeta lanzado al viento y por el viento que viaja por el aire para incrustarse directo dentro de ti en una infinitud de momentos por llegar.

Y es el mismo ritmo el que te trajo acá, ese que construiste al son de cada paso mientras fluia el tiempo alternando compases divergentes, a veces monocordes, otras polifonicos, variando según la actitud, la circunstancia. A veces, en especial una vez al año, te sientas un rato al costado del día a día, tranquilo, relajado, con la actitud de una tarde de verano, y así, saboreando el rato, simplemente disfrutas del ritmo, aquel que trae pero también lleva; sin embargo, sólo una vez en la vida, un día como hoy por ejemplo, confrontas contento el camino, y te das cuenta que acabas de cumplir 33.

sábado, octubre 28, 2006

Primero


Foto: Francisco Máximo

Hoy es primero, es uno de noviembre, y es la fecha elegida por muchos para recordar a sus muertos. Y esa frase, cuando te la dicen, tiene algo de dureza y de revelación: "Todos tus muertos".

Es que suena como si los acumularas a cada paso, indica que te pertenecen, que dejan el mundo tangible para empezar a formar parte del mundo intangible de los vivos, su recuerdo. Siempre, de algún modo u otro, con nosotros, y es que vivir es morir un poco, es arrancar de tí un pedazo de tiempo, consumiéndolo, dándote la oportunidad de degustarlo a tus anchas en un ejercicio llamado libertad.

Mientras escribo, recuerdo nuevamente la imagen de una mujer en el funeral de un poeta en septiembre de 1973, mientras declamaba: no estás muerto, sólo estás dormido. Es que la muerte llama a la rebelión, al incendio; es verdad, pero es mentira, el mundo se detuvo, pero a tu pesar sigue girando.

Y esa contradicción se te anida en el estómago, en las vísceras, y te hace sentir la vida de otro modo. Entonces, una vez que cesa el chorro de agua gélida que cae sobre tí, simplemente guardas a todos tus muertos en tu pecho, y dices: viviremos y derrotaremos a todos los que quisieran otra cosa.

Y habrá un cielo de mar azul donde descansen tus ojos ensimismados,
entumecidos, vertidos de ausencia.

Se acunará cada recuerdo en el vórtice insondable de
una palabra,
de cada susurro que traiga tu espera indolente.

Tranquilo, acurrucado, arropado de eternidad,
el mar borrará lento tus pasos labrados en la fugacidad de la existencia.

Y llegarás entonces,
convertido en cada soplo,
en alguna palabra lanzada al día a día,
en la probable sonrisa que ilumine alguna conversación aderezada de recuerdos.

Y así estarás presente,
convertido en cada átomo de tiempo ausente,
verbalizado en el devenir de alguna ardiente espera.

A los amigos que se fueron y esperan en el mar

miércoles, octubre 25, 2006

Sin comentarios



Me quedé sin palabras.

Y no poder decir nada de lo que uno quisiera decir es algo insólito y absolutamente contradictorio. Es tener toda la voluntad para saltar más lejos, teniendo al mismo tiempo toda la incapacidad del mundo para seguir. Es congelarse, estar inmóvil e incoherente en el lugar de partida, atrapado en un autismo a sol y sombra. Es rogar por la paz mientras se mata por ella.

Querer expresarse y no tener cómo parece contradictorio, una broma curiosa del siempre burlón destino. Si quieres, puedes. Es decir a todos y a ti mismo que quieres cambiar, pero continuar haciendo exactamente lo mismo que haces todos los días.

1. De la casa al trabajo
2. De trabajo a la casa
3. Vuelva al paso N°1

Se parece a no gustarle a quien te gusta con cada átomo y cada tripa de tí. Hace que te preguntes sobre causa y efecto, si acaso nada es casualidad y todo causalidad. En una de esas, si tu le gustaras, a tí no te interesaría. Así, tu interés por llegar a ella radicaría entonces en el desinterés que demuestra, en la incapacidad de lograrlo.

Lo mismo escribir, el deseo por hacerlo es directamente proporcional al desagrado que muestran las palabras por brotar de tí. O sea, exactamente igual a perseguir objetivos actuando para ello de un modo absolutamente contrapuesto en tu día a día.

Quiero escribir, pero no puedo.

Me quedé sin palabras.

domingo, octubre 15, 2006

Volver


¿Porque siempre volvemos?, ¿porque a ratos se hace inevitable regresar de un modo u otro?. Es como si nos rebelásemos conciente o inconcientemente al inevitable paso del tiempo, aquel bus sólo con pasaje de ida que siempre nos lleva a otro sitio, físico, temporal, espiritual, lo que venga.

Es el deseo de una segunda oportunidad quizás. Todo pasa, pero no queremos que así sea, decidimos a cada rato, pero podemos equivocarnos, el tema es que no se nos da la opción de saber si lo pudimos hacer mejor, ello nos fue negado, es imposible, todo ya pasó.

Entonces, volvemos, y lo hacemos creando un imaginario llamado recuerdo, un algo que no es real para nadie más que no seamos nosotros mismos. A veces sin embargo, en muy contadas ocasiones, se repite una coyuntura, un deja vu que sientes ya viviste alguna vez, y entonces, se te da esa rara oportunidad de volver en serio, de estar ahí de nuevo, de vivir el retorno para ver que harás esta vez, si acaso en verdad harás algo distinto o simplemente te vencerá la tentación de la seguridad, o sea el seguir dando los mismos pasos que ya diste una vez.

Almodóvar, con esa magia que da el talento, logra expresarlo mucho mejor en su propio "Volver". Y claro, sólo un alquimista evita que el eterno retorno sea sólo un lugar común, con muchos "de nuevo", traumas repetidos, desilusiones que se reiteran y cariños reencontrados. Lo mismo Penélope Cruz, de otra dimensión, de hecho, sin comentario. ¿Con ella como no querer a volver a intentarlo varias veces?.

Volver, re-volver. Sigo pegado en el Otra vez.

Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron,
con sus palidos reflejos,
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso,
siempre se vuelve al primer amor.
La quieta calle donde el eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer!"
Bajo el burlon mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me van volver.

viernes, octubre 13, 2006

Otra vez


Foto: Joao Padua

Hoy llovió a mares.

Y llover a mares no es más que una exageración para describir que el mal tiempo nos azotó sin tener otra razón más que aquella que indica que el invierno no quiere irse. La estación se aletarga, se queda pegada, crispada, como un poder fáctico que reniega porque quiere quedarse como sea, negándose a abandonar esa cuota de poder mísera con que procuraba inmovilizar cada paso a fin de congelar el tiempo, la historia, la vida.

Pero ahí está el muy bandido, en el invierno de sus días se aferra a esa posibilidad, no de influir ni de asustar, sino que simplemente a esa que puede echarte a perder un asomo de primavera aguándote una salida. Sin embargo, no puede detenerse lo que está por venir, nada puede hacerlo, porque es el ciclo natural de las cosas, la rueda de la vida gira, se atasca a veces, pero continúa moviéndose sin cesar de buscar acomodo.

Se irá el invierno, no hay duda alguna. Entonces, un deguello de soles recibirá cada noche, y quemando recuerdos en un cigarro de olvido, tatuaré cada jornada en la textura incierta de una noche de jueves.

sábado, octubre 07, 2006

Katabático

El viento katabático también es llamado orográfico. Se origina cuando una masa de aire, al desplazarse a baja altura, se encuentra de pronto con una brusca elevación, un cerro, una montaña, simplemente con un tope, un algo que interrumpe su camino.

Ese obstáculo inesperado la fuerza a cambiar de rumbo, provocando su elevación si es que resulta imposible de flanquear. Entonces, al intentar alcanzar el cielo, el aire se enfria rápido, pues al contrario de lo sucedido con Icaro, las alturas disminuyen su temperatura, aumentando su densidad, haciéndolo más pesado y provocando que, apenas pase el escollo, simplemente el aire se vaya cuesta abajo con todo.

Y es ahi, cuando en ese descenso violento, provocado por una sorpresa, o por un encuentro casual, todo es caos. Ese antiguo desplazarse seguro, tranquilo, pre-escollo, es sustituído por una carrera que baja arremolinada, en torbellino, que busca, dando manotazos de ahogado y pasos de ciego, recobrar esa antigua cadencia de hamaca.

No es más que el deseo la batería que alimenta de energía ese vibrar telúrico, el cual sólo en apariencia es antojadizo. No hay estrategia, no existe camino trazado, menos señalizado. Sólo existe el fuego conciente que alimenta para ir, en general, hacia abajo en la rodada. Solamente una vez acabado el descenso físico el aire recobra su antiguo ritmo, alcanzando un estado que nunca volverá a ser igual al que fue, pues todo en él se reordenó, es ahí entonces, cuando el viento katabático se extingue para seguir moviéndose, disfrutando simplemente el paseo sin saber, ni preocuparse demasiado por ello, que le deparará más adelante su camino.

viernes, septiembre 29, 2006

Pasión


No cabe en la palabra, le falta espacio. Seis letras no son suficientes para contenerla.

Simplemente estalla y ya!, te lanzas al agua, te salta encima, catapultada por un elástico que se estira y se estira, hasta que simplemente: TATE!!. Y hay de muchos tipos, ya que puedes sentir pasión por personas, cosas, actividades, por uncuantohay difícilmente inventariable en verdad. Es que ejemplos hay muchos, familia, trabajo, lo que estudias, la vecina de enfrente, Caterine Zeta Jones, atún en lata con lechuga, limón y mayonesa, política, cine, el fútbol.

Y aquí es cuando me detengo, claro, porque me acabo de acordar que érase una vez muy, muy lejana, en que me gustó el fútbol. En aquellos momentos diluidos por la lluvia, disfrutaba incluso más que verlo, el escucharlo, o sea, apagar el audio de la tv para sintonizar una radio que lo transmitiera, sólo para oir, sentir el pulso del relato, el cual generalmente era mucho mejor y vibrante que el mismo juego.

Sin relato no habría poesía, y es que la poesía puede dibujar la pasión, entregándole vida, feromonas a una realidad a veces algo desteñida. En las palabras del uruguayo Victor Hugo Morales "Ese relato se puede comparar con una emoción violenta de una persona cuando mata, es una cuestión visceral. Tuve la mente en blanco durante algunos segundos sin saber lo que decía".

O sea Don Victor, simplemente, pasión. Con ustedes, lo que verbalizó el Sr. Morales, sin saber bien como ni porqué, un día de 1986.

"...la va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, y deja al tercero y va a tocar para Burruchaga..."

"Siempre Maradona. ¡Genio! !Genio! ¡Genio! ¡ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta... y Goooooool... Gooooool... Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el fútbol! ¡Golazo! ¡Diego! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme..."

"Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos... barrilete cósmico... ¿De qué planeta viniste? Para dejar en el camino tanto inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina.... Argentina dos, Inglaterra cero... Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona... Gracias Dios por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina dos, Inglaterra cero..."


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martes, septiembre 19, 2006

Hoy

Foto: Graca Loureiro

Y el día fluía, deslizándose entre las piedras de la orilla.

Brillaba el sol en el cielo, mientras se arremolinaban minutos y recuerdos en la brisa de septiembre como sueños a medio camino. Entonces el momento nos trajo de vuelta, retornamos en el tiempo recobrado a cada paso de esta primavera inconclusa. Respirando un poco, tragando olvido, en la plena luz del recuerdo que trae, satisfecho, una vieja alegría gastada y atesorada en un cajón extraviado.

Luego el instante se deshizo, yendose tal cual llegó, a propósito de todo y de nada, de la mano de la tarde. Sin razón alguna, sin objeto al cual agradecer o culpar, sólo un pedazo de tiempo hecho regalo, un espejismo, un fragmento de pasado que ya se fue para siempre.


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Reggaeton

No me gusta el reggaetón.

Pero por esas cosas de la vida, que tienen que ver con trabajar, ayudar a un amigo, y con que el cliente tiene siempre la razón, este 18 escuché al menos unas 15 hrs seguidas de reggaetón.

FUERTE. NO ES FÁCIL.

Y claro, estoy seguro que a muchos les encanta, por algo se formaban grupos a hacer coreografías para bailar a Daddy Yankee, Reggaeton boys y Residente Calle 13. Pero a mi, treintón outsider, después del undécimo tema mas o menos, me produjo un efecto anestésico, un adormecimiento provocado porque en el fondo (y también en superficie) todos sonaban idénticos, y al rato todo parecía lo mismo, y en verdad, todo daba igual.

El punto es que eso también pensaban, o dejaban de pensar, quienes disfrutaban la musica en el local, o sino no hubiera quedado el desastre que se armaba cuando empezaban los sones inconfundibles del himno de este 18 de septiembre que se fue:

Atrévete te te
Salte del closet
destapaté
quitaté el esmalte
deja de tapaLte
que nadie va a retratarte
Levantaté ponte Hyper

Entonces, sea porque estás anestesiado, por el cansancio acumulado de trabajar-vivir ahí, por las ganas de pasarla bien un rato, porque son las 4 de la mañana, o quizás (cuesta incluso decirlo), porque al final de todo no es tan malo el reggaetón, entonces, sin saber como ni cuando, te das cuenta que estas llevando el ritmo. ¡OH SORPRESA!!!, mientras recuerdas que alguna vez te gustó el heavy metal, ahí, extrañado, dejas inmediatamente de mover los pies, y te das cuenta tus dedos llevan el tema sobre la mesa como si se mandaran solos.

Y la canción sigue, mientras la multitud en trance vibra, grita, pelea, saltando al ritmo de un candombé hip-hop. Miras alrededor, te das cuenta que estás de espectador y que en realidad puede ser aburrido siempre estar dándole vuelta a las cosas, especialmente si estás pasando 20 hrs diarias trabajando con Daddy Yankee de música ambiente .

Ahí miras al suelo, divisando una delgada linea roja...te frotas los ojos (¿¿línea roja??, ¿desprendimiento de retina?), y no, ahí está, claramente dibujada, esa que te dice que para ser actor basta simplemente dar un paso, que es inútil atarte al timón, y que aunque sirviera, es bien monótono o latero hacerlo siempre. Imaginaria, cercana y lejana a la vez, esa raya divide a los analistas compulsivos de los gozadores impenitentes.

En ese momento, mientras ves que alguien agarra una silla para arrojarla a no se quién y a no se dónde, divisas que otro cae al suelo nuevamente, terminas de comerte una empanada de almuerzo-cena, mientras sirves el enésimo destilado de melaza TQL (¿que diablos será eso?), simplemente, en ese instante, das el paso, y te das cuenta, por cinco minutos al menos, que en realidad, el reggaetón puede no ser tan malo al final de todo.

-Relax man. Calmao socito.


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martes, septiembre 12, 2006

Al día siguiente


El día después tiene un dejo de suspiro, uno de alivio, también de satisfacción. Al día siguiente las cosas se ven de otra manera, con la perspectiva que da la distancia y el tiempo. Se produce un quiebre de un modo imperceptible, una trizadura que es un regalo que te da el sueño que separa ambas jornadas.

Y si pasaste un mal rato, una pena por ejemplo, llevas un sabor en la boca, en la garganta más bien. Un "algo" difícilmente describible, moldeable por musica quizás, por sensaciones, como la atmósfera creada en y por Charly Brown con su perro blanco y negro, una sonrisa leve, nostálgica, como compás de blues, jazz o bossa, un no se qué no se donde.

Pero las alegrías de antes también están contigo, te acuerdas, sonríes, se acumula todo y pasa a ser parte tuyo, lo que hiciste siempre, rara vez lo que dejaste de hacer. Y mientras avanza el día, tu transcurres con él, sigues, actúas, recuerdas. Entonces, reconciliado con la memoria, te animas a dar un nuevo paso para seguir adelante, porque simplemente, otro día ya es hoy.

domingo, septiembre 03, 2006

Domingo

Me gustan los domingos en la mañana. Su placidez, el probable contraste con la noche de sábado que pasó, esa sensación de silencio, en la que parece que al fin tienes la oportunidad cierta de despiertar sólo una vez que realmente has descansado. Es como cuando uno era niño, en esas eternas vacaciones de verano de tres meses, entonces despertabas tranquilo, se te abrían los ojos voluntariamente cuando brillaba el sol en la ventana, y no acumulabas ese cansancio que parece llevarse en la raíz del ojo.

Sé que soy afortunado de tener ese silencio en las mañanas, quienes viven junto a una carretera, al lado de un aeropuerto, incluso en las cercanías de una compañía de bomberos, no saben lo que se pierden. En todo caso, ahora que escribo, no sé si realmente uno pueda llamarse afortunado, pues no se si exista algo llamado suerte, "eso" capaz de tocarnos a ratos para entregarnos un poco de felicidad envuelta en una caja de chocolates. Y es que aunque es genial pensar que todo pasa por algo, también es angustiante pensar que todo pasa por nada. Si se trata de estar más tranquilo en todo caso, recomiendo la tercera y misteriosa opción, el lado "C" de las cosas, en este caso, que todo pasa por algo, pero no tenemos idea porqué, asi es que da lo mismo, lo que sucede siempre es lo mejor que puede pasar, norma conocida desde ahora mismo como Ley anti Murphy.

Y así, con ideas que saltan de un lado a otro, desde el domingo, pasando por el descanso, y doblando por el recodo de la suerte y el destino, ahora simplemente escucho el silencio de la mañana, un poco incómodo si te molesta oirte un rato a tí mismo, pero agradable si tienes ganas de pensar, leer o incluso intentar escribir. Entonces, y quizás en un arranque de humana contradicción, o de perfecta coherencia, hoy, domingo en la mañana de un 3 de septiembre, simplemente dejo de escribir, y me largo a escuchar a Mike Patton.

Saludos.