martes, marzo 14, 2006

Martes 28

Hoy he estado encerrado en casa.

Se suponía que saldría al mar, pero por esas cosas del destino el clima no acompañó, no nos quiso, y el bote en que iba a ir se dedicó a otra cosa.

Rara vez las cosas salen como pensamos que serían, y menos veces aún como quisiéramos. Así, que un giro clásico de lo que hacemos v/s lo que teníamos pensado hacer, ahora simplemente estoy acá mirando por un pedazo de ventana los árboles castigados por el viento.

Y mientras escribo, compulsivamente quizás, escucho a Coldplay, "We never change", y tal como me preguntaron hace no tanto, me pregunto, ¿será verdad que nunca cambiamos?. ¿Que es aquello que hace que seamos diferentes o iguales a lo que solíamos ser o que somos?, ¿un cambio de opinión?, ¿actuar distinto?.

En todo caso, a veces pareciera que definitivamente nada es como quisiéramos. Es como si no lográramos encajar nunca en los fríos hechos y quedáramos condenados a una especie de limbo, un país de nunca jamás en donde somos completamente invisibles y lo que sentimos o queremos es completamente indiferente para el resto.

Yo quisiera ahora mismo, por ejemplo, estar en una ciudad grande con un parque, en otoño, acompañado. Quisiera que nos encontráramos un paraguas en el pasto y que ella jugara todo el día con él, disfrutando y riendo por el modo en que cruje cuando lo abre y cierra, mientras no advierte que se moja bajo la lluvia, y que no deja de molestar a la gente con el famoso paraguas.

Quisiera quizás que fuese una tarde de verano, y que estuviéramos comiendo churros rellenos con manjar. Que ella se manchara la boca con el dulce y que estuviéramos descalzos mientras noto que le brillan los ojos cuando sonríe.

Y ahora que escribí esos dos últimos párrafos me doy cuenta de algo. Sí, las cosas no son como uno quisiera, o como pensamos que serían, pero aún en el caso irreal que siempre fuese así, todavía tenemos la posibilidad de imaginar, de soñar un poco, haciendo algo más ancho el estrecho día de encierro, haciendo en definitiva más respirables esas ocasiones en que nada resulta.
Si bien las cosas no son como queremos, tenemos una salvación, siempre podemos interpretarlas, de algún modo torcer la realidad, como un mago doblando una cuchara con la mirada, de modo tal que podamos seguir adelante. Después de todo, siempre podemos vivir la vida como queramos vivirla

Ceviche

Hoy comí ceviche. El ceviche, al igual que el bistec alemán, o tártaro, pertenece a esos platos que son sólo para ciertos elegidos. Elegidos que logran dejar de lado el hecho que en ambos casos la carne no está cocida, sino que simplemente sumergida por un rato en limón, y logran disfrutar del espectacular sabor.

No hay como tomar un filete de pescado fresco, trozarlo, agregarle sal, pimienta, merken, trozos de ajo y cebolla picados, además de un poco de aceite, para dejar reposar todo en limón hasta que los trozos cambien de color. Se sirve sólo o con un poco de cilantro picado. La acidez que te deja en la boca se aloja hacia atrás, se queda pegada a las mejillas, en el ángulo de la bisagra que forma la mandíbula inferior, y se disfruta mejor acompañado de pan. Claro, no se hace con cualquier pescado, en mi caso los mejores que he probado han sido de rollizo, reineta, corvina, jurel de Juan Fernández y vidriola.

El comerlo es un rito, una ceremonia en que estás rodeado de algunos creyentes y varios escépticos que reniegan de la posibilidad que carne que no haya sido sometida a temperatura pueda considerarse comida. Así es que el disfrutar de uno tiene que ver con la memoria (como no?), pero no en el sentido de recordar algo, sino en el que es imposible retener todo y que para seguir adelante debemos dejar ciertos detalles de lado para sólo quedarnos con la generalidad de las cosas.

Si alguien pudiera recordar cada detalle se volvería loco perdiendo la perspectiva, el sentido de belleza y la capacidad de amar a alguien, pues para las tres cosas se necesita omitir, pasar por alto, perdonar en definitiva, en pos de algo superior, algo a otro nivel, algo que subyace más allá del mero detalle de la cotidianeidad.

Lo mismo cuando comes ceviche, el detalle de que estás disfrutando de pescado crudo se pasa por alto en pos de disfrutar del sabor que tienen esos trocitos adobados y macerados con ácido cítrico. A propósito, una de las cosas que más extraño son los limones frescos, acá hay pescados al por mayor para hacer ceviche, pero no hay limones.

Nunca, nunca es posible tener todo para estar completamente feliz. Ni siquiera con el ceviche

viernes, marzo 10, 2006

Sueño

Un sueño profundo, intenso, tremendo, un sueño que llega a asustar por lo fuerte con que te golpea. Te da tan fuerte mientras navegas que podrias caerte por la borda si antes no te aseguras de estar en un lugar bien pegado al piso del bote. Si llegas a rendirte por un rato, sientes que todo gira, y seguro te duermes, no hay caso.

Después de que resistes, o simplemente caes, ya sea por mareo, sueño del dia anterior, o por el efecto que te producen pastillas como Mareamin o Bonamina, el trabajo. Unas 5 horas consistentes en pescar carnada, buscar boyas, rescatarlas, recoger y lanzar cabo, izar trampas, sacar la captura, contarla, medirla para luego limpiarla y finalmente asear el bote, baldeando y fregando todo.

Entonces da hambre, mucha hambre, y te comes unas lentejas calentadas en el caldero, un tubo de lata con hoyos dentro del cual pones leña y que enciendes con un poco de bencina que sacas del bidón plástico de la reserva del bote. Eso es a veces, porque lo más típico es tomar un cangrejo, abrir su caparazón, sacarle todo tipo de líquidos y sustancias extrañas, dejando únicamente un tipo de sustancia extraña de aspecto poco apto para corazones y espíritus sensibles, luego le agregas cebolla picada, sal y limón, revuelves, dejas reposar, y tienes salsa de cangrejo que te comes cruda con pan.

Luego sigues y sigues navegando, entonces de pronto, el trabajo está terminado, y miras alrededor. Entonces ves la vida que llena el mar, manadas de ballenas piloto, tiburones, delfines que surfean aprovechando la energía de alguna ola, cachalotes y todo tipo de pájaros, fardelas blancas, grises, albatros, golondrinas de mar y petreles.
Y continúas adelante, mientras tanto, el sol se cuela por cualquier lugar, el azul se hace cada vez más intenso, el cielo se hace más y más alto pero al mismo tiempo más cercano. El calor quema inclemente la pintura mientras un olor insensible, mezcla de madera mojada, humedad, sal y algún crustáceo indefinible llena la nariz y te acostumbras al zumbido del motor fuera de borda hasta que desaparece del oido, de tu mente, del paisaje, y de pronto, sólo quedas tú acompañado de la libertad, la libertad que te da el mar.

20:30 hrs

El mar en las tardes tiene un sonido opaco, sordo. Más que el mar, es el golpeteo de las pequeñas olas de la marea baja contra las piedras que llenan la orilla y que se enfrentan a la concreta indiferencia de los pilares del muelle.

A esa hora, la luz comienza a irse y se agazapa escabulléndose entre cerros y nubes, mientras tanto, todo en el cielo gira en un torbellino que no se detiene por nada y ante nada. Generalmente sopla una brisa, suave, tranquila, con la levedad del escalofrio que entrega un susurro. Todo entonces está más quieto, el silencio se mete en los huesos, en el alma de todos, estirándose como las sombras, como la angustia, y el cielo se incendia una vez más, mientras las pupilas se adaptan a la oscuridad progresiva de la noche que te abraza.

Entonces, es posible ver fantasmas, oirlos, sentirlos. Son los espectros de momentos pasados que rondan entre los muelles, como mujeres desoladas, devastadas, que esperan vanamente el regreso de naves que no recalarán nunca más. Se meten en la piel, mientras los escalofríos que sientes no son más que intentos inconscientes de espantarlos, de enviarlos lejos de tí.

Entonces sólo hay una escapatoria, abrirse el pecho y arrancar todo de él, cada órgano, cada víscera, cada átomo de dolor y culpa. Vaciarlo en una carrera contra una parálisis progresiva, exorcizando fantasmas, recuerdos, errores y demonios. Sólo una vez que esté completamene vacío, limpio, la estaca de madera que se entierra en tu alma empieza a dejar de doler. Luego, con el correr del tiempo, comienzas a llenarlo de nuevo, en una tarea ardua, improbable, imposible a veces, necesaria siempre. Y mientras tu pecho se recobra lentamente, y tu espíritu sana con una lentitud que desespera, la más oscura hora comienza a irse, despunta el alba, y el día comienza para quien quiera verlo nuevamente.

jueves, marzo 02, 2006

Invierno

Paloma aterida,
piel de escarcha blanca,
reflejo de invierno.

El silencioso frío te hace soñar,
acurrucada,
esperando, tendida en la noche.

AMANECER QUE NUNCA CESA DE LLEGAR

Son cuatro rosas rojas, entrelazadas como brazos,
abrazadas a tu cintura, selladas en tu piel,
las que esculpen tu silueta,
··········································viento que dibuja la orilla,
hipérbola perfecta,
despertar de trinos, brisa, de luz invernal difuminada.

Mirada de luna llena, pelo flamígero,
······················································aluvión cerro abajo,
siempre huracanada,
siempre sísmica,
siempre bocanada de aire fresco en la ciudad gris del día a día.

El cráter

Estamos en medio de un cráter. Sí, el pueblo fue levantado en una chimenea volcánica, cuya mitad está bajo el mar y el otro pedazo está a espaldas de las casas. Para quien piense que está extinto, le tengo noticias, en 1835 hubo una erupción en medio de la bahía que provocó un maremoto que hundió al poblado bajo el agua, pero desde entonces no ha vuelto a suceder nada, al parecer el genio se ha portado bien permaneciendo callado y tranquilo en su botella.

Y no es que me cause mucha gracia el saber que duermo todos los días en el cráter de un volcán, pero confieso que el tener conciencia del peligro tiene un lado algo estimulante, tal como bucear con tiburones, fumar, lanzarse en bengi, comer comida chatarra, viajar en un bus de la locomoción colectiva, algo que no hago hace tiempo, puesto que acá no hay buses, de hecho hay apenas tres calles, o simplemente vivir en Chile, país sísmico rodeado de volcanes en donde todo es frágil como un segundo. En todo caso, ¿como no acordarme de "Krakatoa"?, una película en blanco y negro, esas de tipo apocalíptico, como Aeropuerto o Terremoto, que proliferaron en los años setenta y que pasaban mucho en la censurada y aburrida televisión de los años ochenta.

La película mostraba el desastre ocurrido en la isla de ese nombre cuando, según leí en algún número de Digest Readers, al hacer erupción el volcán, el mar se filtró por una fisura, contactando el magma, lo que produjo una explosión que destruyó todo, bueno casi todo, y generando un maremoto mayúsculo. Recuerdo que en la película se veía que solo las palmeras (obvias miniaturas plásticas) sirvieron de salvación a la gente que atinó a subirse arriba.

Pero acá hay pocas palmeras, y no debe ser fácil subirse a una, al final, pareciera que uno no puede estar tranquilo en ningún lugar, siempre es como que algo acechara en la oscuridad, un tigre en la noche dispuesto a saltarte al cuello, que toma forma de asaltante, gripe aviar, juguetes con tolueno, ondas de teléfonos celulares cancerígenas, colesterol, fiebre aftosa, meteorito o erupción volcánica.

Tiger, tiger
shining bright
in the darknes of the night


Quizás sea cierto, uno no puede estar tranquilo en ninguna parte - ¿y qué?, la intranquilidad es finalmente el motor de nuestras vidas, la que nos debiera mover a la búsqueda, no al temor. La tranquilidad y la intranquilidad que da miedo son para los viejos, aquellos que tienen los medios para hacer cosas pero ya no tienen ganas de hacerlas.

Así es que nada de "Krakatoa", mejor "Viaje al centro de la tierra", de Verne, con descenso y escape por un volcán, el Stromboli, creo, pero con excursión de descubrimiento incluida, como en casi todo lo de Verne. El francés intuyó que para lograr salir, elevándose, hay primero que descender, ir cuesta abajo en la rodada, y una vez que te detienes, el reto, la gracia, es subir de nuevo para llegar mucho más arriba, no todos lo hacen, muchos se quedan allá abajo, pero siempre el viaje es estimulante.

Guardando las proporciones claro,
tal como Sidartha en la montaña y Jesucristo en el desierto,
tal como Luke Skywalker en "Star Wars",
Rimbaud en Carta de un vidente,
Ernesto Guevara en "Diarios de Motocicleta",
Peter Fonda y Jack Nicholson en "Easy rider",
Dos compadres y una española guapa de senos increíbles en "Y tu mamá también",
Cruise y Kidman en "Un horizonte lejano",
en definitiva, tal como vivir en la profundidad de un volcán.

Y me decidí a descender al fondo de la tierra.
Y mientras bajaba hacia las sofocantes entrañas del planeta,
descubrí que ese viaje, el viaje de búsqueda al interior,
es el más importante, pues es simplemente camino, requisito ineludible, a la sabiduría.

Luna


Hoy la luna brilla sobre el mar.

Y hoy si puede brillar, no porque antes fuese opaca y ahora haya adquirido luz propia o reflejada, sino porque hoy estuvo despejado todo el día. Eso por un lado, pero por otro lado, también brilla porque antes fuimos al agua, en la tarde nadamos un poco hacia el norte, hacia el faro, cazando algo para la cena y otro poco para regalar.

Entonces, aquí estamos ahora, en el patio de la casa, junto a un fuego hecho con madera de eucaliptus dentro de un tambor rojo oxidado de 200 litros. Hay tres tipos de pescado a la parrilla, todos con sal y orégano, tres coca cola de algo menos de 1 litro cada una, y dos cajas de vino tinto.

Al lado, nuestros vecinos pascuenses, mas bien rapa nui, tocan guitarra de modo que suena como ukelele, también con un fuego, también con un tambor, pero sin tres tipos pescado, sin pescado en realidad.

Y la luna menguante brilla sobre el mar.

Mientras tanto luna, la perra labradror negra de la casa se revuelca sobre el pasto, y se acerca a pedir pescado, de cualquiera de los tres tipos, crudo o a la parrilla, da lo mismo. Nosotros no tenemos guitarra, menos ukelele, pero en la radio, suena Marco Antonio Solís cantando el tema aquel.
Miro al mar de vez en cuando, y me concentro en el brillo que se refleja en el océano, en el ritmo caótico con que se disipa y descompone con el movimiento de las olas. No hace frío, y creo que no es el vino el que abriga, es simplemente que hoy estuvo despejado después de una semana, y que la luna brilla sobre el mar, mientras luna, nuestra luna, le aúlla desde la terraza.


sábado, febrero 18, 2006

140206

Hace cinco días que no para de llover, una lluvia eso sí algo hipócrita, a medias, nunca intensa, siempre, o casi siempre, llovizna. Lo mismo el viento, sopla fuerte, pero no de manera continua, sino que por períodos cortos, pequeñas explosiones de furia descontrolada pero de corta duración, como un padre que riñe a un hijo pero con sentimiento de culpa, acordándose quizás de los consejos de algún terapeuta familiar. El viento no sopla paralelo al suelo, sino que baja en diagonal desde lo alto del cerro, el cerro que le da la espalda al pueblo y que no deja de recordarme a la montaña de "Encuentros cercanos de tercer tipo", eso sí, sin ovnis y sin Richard Dreyfus.

La lluvia invariablemente me trae al sur de vuelta, en particular, un verano de 1994 en la Patagonia, en un lugar en ningún lado, más bien entre dos nombres, Puerto Cárdenas y Villa Santa Lucía, sólo me falta el olor a leña, a chocolate con leche, las sopaipillas fritas, y el frío. Un frío extraño, húmedo, con olor a tierra mojada, y acompañado de viento Puelche, frío que no me resfriaba, sino que más bien me enfermaba de hambre.

Activando de nuevo la máquina de tiempo, esta vez girando la perilla para que nos lleve aún más atrás, la lluvia me recuerda 1979, la ciudad de Punta Arenas, junto al estrecho de Magallanes. En este caso eso sí, el frío era intenso, con nieve, uno que quemaba la piel si no te ponías guantes, acompañado casi siempre de viento, mucho viento y escarcha. Y claro, un disco de Neil Diamond, uno de vinilo que sonaba en mi casa, generalmente los días domingo temprano en la mañana, y que hacía que te grabaras en algún lugar del inconsciente el tema "September morning".

Quiero que pare de soplar el viento, que deje de lloviznar, y que simplemente el clima tome una decisión, o sale el sol o llueve con furia. No más medias tintas, a estas alturas ya no estamos para eso.

Y mientras desvarío y alego contra el clima, me vuelve a dar hambre y continúo con mi campaña de engordar, o más bien, sigo el proceso progresivo de llegar a ser menos flaco, comiéndome esta vez una sierra al horno. Pero afuera, bueno, afuera simplemente vuelve a lloviznar, y yo, en un arranque de egocentrismo atmosférico, creo que todo es a propósito, quizás sólo con el fin de reirse un poco de mis tajantes y desconcertantes deseos.

En JFDEZ

La calle

Conocí al tipo más triste del mundo. Su sombra lo seguía lenta, incansablemente, alcanzándolo a cada paso, sólo para dejarlo ir un instante y alcanzarlo nuevamente, siempre algo aletargada por la melancolía y la nostalgia, mientras él se dedicaba a vagar junto a la orilla. Parece que las tardes, a esa hora en que las sombras se estiran, son más propensas para que las personas más tristes del mundo se reúnan, o al menos estén la una junto a la otra, pues las personas en ese estado generalmente no pueden dejar de estar solas aún cuando estén rodeadas de gente.

Mientras lo observaba, advertí de pronto que yo mismo había dejado de estar ahí, el presente había dejado de ser mi tiempo, y la memoria me había trasladado a otro sitio, a algún buen instante, quizás a alguno malo, pero siempre atascado en el pasado. Y descubrí que éste generalmente deja un dejo de tristeza en la boca, mas bien en la garganta, aún cuando recordemos un instante genial que nos haga sonreir, porque simplemente ya pasó, y nos hace concientes de ser finitos.

Entonces, no quise contagiarme de la tristeza del hombre más triste del mundo, siempre he sido porfiado, así que me negué a ver pasar el tiempo trotando a mi lado, y decidí abandonar el muelle, con el tipo aquel y su sombra atada inexorablemente a sus zapatos. Y mientras caminaba por la calle de tierra, calle por la que transitaron miles como yo y también otros muy distintos a mí, eché a volar mi imaginación para traer futuro, pues la memoria sólo puede traer pasado. Junto a mí pasaron caballos, perros, colibríes, y dejé atrás floripondios, mientras subía y subía la tristeza del susodicho quedó atrás, convertida en fantasma, mientras tanto el último resto de sol se alojó en mi retina y el viento empezó, una vez más, a desbocarse cerro abajo golpeando mi cara.

La tarde

Cae la tarde,
el azul tiñe el mundo.
Mientras el silencio empapa de soledad los pasos,
pasa una bandada de pájaros grises.

Vuela un angel de capa oscura por el cielo.
En sus ojos, la humanidad.
En su mano, una espada en llamas, flamígera, eterna,
desenvainada como una explosión volcánica y alada.

La flama quema el cielo,
reduce a cenizas lo que queda del día,
archivando en ilusiones lo que en él aconteció.

Y el universo gira,
como rota tu mirada sobre la mía,
como tu pelo arremolinado,
torrente desabotonado de un pecho que escurre sin barreras,
cielo de una pintura de noche estrellada.

AVES EN SILENCIO DE CATEDRAL CON SINCERIDAD DE LÁGRIMA

Es ahora cuando apareces entera,
más bien la impresión que quedó de ti en mi memoria,
una y otra vez sin aviso alguno,

BESO DE LABIOS FRÍOS

·······································sorprendiendo,

como el tiempo a la vida,
la calma al amor,
un sueño a la rutina.

El azul zozobra en el aire, y cede su espacio al negro,
el angel reduce las brasas salpicando el cielo de sombras.

Y te marchas de improviso,
mientras me aferro a la fragilidad de algún recuerdo luminoso.

LUCES OSCURAS, SOLES NEGROS

Te vas siempre, siempre en un largo adiós,
pero sigues unida a mi.

Y por un instante,
nadamos una vez más el uno junto al otro,
mientras mis ojos se llenan de ti,
mientras las sombras nos aferran,
mientras el inmenso cielo se cierra, y nuestro breve espacio se colapsa sobre sí mismo para dar paso al oscuro olvido.

En JFDEZ.

sábado, enero 28, 2006

Adiós


Foto: David Martins


Ahora si que sí. Tras varios tiras y aflojas, por fin me largo.

¿Donde?, lejos, a una isla. Pero no solo lejos por la distancia, sino también por costumbres, forma de vida, y por la ruptura con la monotonía diaria.

¿Que es lo más importante de un viaje?, ¿el llegar? o ¿el viaje en sí mismo?. Solía pensar que el viaje en sí. Pero cada vez más creo que no se puede descartar a la oculta y misteriosa opción 3, es decir, el regreso, pues entonces puedes cargar con lo que aprendiste en la travesía.

En este caso, más que nunca el cambio involucrará también lo que encuentre a mi llegada. Al parecer cuando viajamos creemos que sólo nosotros emprendemos un camino, pero en verdad sólo dejamos de transitar una vía más menos en común, para tomar un desvío generalmente más pedregoso. El resto de tu antiguo mundo continúa, dolorosamente, más menos como si nada, pues nadie es en verdad completamente imprescindible.

¿Que queda entonces?, el recuerdo en quienes te estiman, recuerdos que no queremos borrar, pero que en ocasiones lo pueden borrar a uno. El viajar, simplemente, si nos quedamos quietos nos morimos.

Hasta la próxima, por marzo más o menos.

OGLE-2005-BLG-390Lb

Un nuevo planeta ha sido descubierto. Es el más parecido a la tierra hallado a la fecha fuera de nuestro sistema solar, y se encuentra ubicado hacia el centro de la Vía Láctea, en la constelación de Sagitario.

Los científicos, especialistas en ciencias, pero malos para poner nombres, lo han bautizado como OGLE-2005-BLG-390Lb.

Será en verdad tan parecido a la tierra?, si hubiera vida inteligente allá, algo por cierto escaso en nuestro planeta, ¿que pensarán, sentirán y esperarán?. Digamos, ¿saldrán a comprar pan?, ¿esperarán el bus para ir al trabajo?, ¿tendrán problemas para pagar las cuentas del agua luz y gas?, ¿les molestará el gobierno de turno?, ¿los solteros se aburrirán de comer fideos?, ¿los casados se adueñarán del contro remoto?, ¿la gente que vive sola tendrá una planta en casa?.

Me entero ahora que para detectarlo, porque dada la distancia nadie lo ha visto, han usado una técnica basada en la desviación que sufre la luz cuando pasa por las cercanías de una masa (OGLE : Optical Gravitational Lensing Experiment), efecto por lo demás predicho por un tal Albert Einstein. Así, se necesita ver desde la tierra dos estrellas, una tras otra, al pasar la luz de la segunda cerca de la primera, producto de la desviación, se amplifica su brillo, tal cual opera un lente de aumento, dicho incremento dura aproximadamente un mes, sin embargo, si un pequeño objeto orbita entorno a la estrella (léase planeta), se producen incrementos de brillo de menor duración...y..tienes un planeta nuevo, con un nombre extraño.

Una vez leí que hasta alrededor del siglo 17 mas menos, el universo era concebido como una serie de esferas "celestes" que giraban unas dentro de otras. El modelo al parecer funcionaba bastante bien, logrando predecir el movimiento de los cuerpos con mucho acierto. Sin embargo, esa construcción teórica fue rechazada por ser incapaz de describir bien mayores grados de complejidad, llegando una idea de universo bastante distinta que ahora, según el nuevo modelo, otra vez permite explicar con un grado razonable de acierto como funciona todo. Yo me pregunto algo, si nadie ha visto alguna vez el planeta, ni nadie ha estado en el, se puede decir con 100% de certeza que el modelo es representación fiel de la realidad?.

No se si la ciencia realmente esté para descubrir la verdad de las cosas, quizás sólo esperamos que esté a la altura del desafío. Pero el tema de fondo, creo, es que toda realidad en definitiva no es mas que la construcción de un modelo que nos sirve para interpretar lo que nos rodea. Así, la imagen del mundo que tiene un delfín por ejemplo, animal dotado de un aparato de sonar en su cabeza debe ser muy distinta de la que percibe una hormiga que recibe estímulos químicos , o a la de un tiburón, con ampollas de lorenzini para detectar impulsos eléctricos. En las personas lo mismo, el oscuro Mr. "Arbusto" debe concebir el mundo de un modo muy diferente del que, por ejemplo, interpretaba mi profesor Meneses de castellano de primero medio.

La realidad, nuestra realidad en definitiva. Nada es 100% de verdad, todo es un sueño al fin y al cabo, tal como lo intuyó Calderón de la Barca.

Son las 4 de la mañana, la verdad, me acaba de dar sueño.
Buenos días.


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viernes, enero 27, 2006

80's



Oi que los años ochenta estan de vuelta.

Al parecer es sólo que la generacion de los 30 y algos que llega al poder (al fin!), reemplazando cuarentones y cincuentones, trayendo consigo toda la mochila de recuerdos de su primera juventud.

Para mí los años ochenta tienen que ver con programas musicales en la tv, como Magnetoscopio musical con Rodolfo Roth y Mas musica con Andrea Tessa. Una época de muchos grupos malos y otros no tanto, con videos de bajo presupuesto siempre, como Katrina, Styx (Mr. Roboto) y Kiss.

También tiene que ver con una ciudad como Viña del Mar bastante mas aburrida, en donde hasta mediados de los ochenta y un poco más, el unico panorama era caminar por 6 cuadras ida y vuelta en la calle Valparaíso, en un tiempo en que el bus valía $60 (hoy $350). Los colores, más que nada grises, tal como el país, un pasado opresivo, milico, de pelo corto, con mucha disciplina, en donde habia que formarse en los colegios y ponerse firmes ante el director. Como no recordar las protestas, los cortes de luz, y en Televisión Nacional a Raquel Argandoña y al Festival de la Una con su Salsital, guitarras Tizona, calefont Mademsa y ropa deportiva Equs.

Pese al entorno, recuerdo también un pasado con colores, pero que fundamentalmente venía de afuera. Por eso quizás nos pegabamos al televisor, viendo por la ventana al mundo, uno distinto, pero también con sus propios miedos de guerra fría. ¿Que más?, las marcas que ya no existen, los jugos en polvo flavoraid (asi se escribía?) por ejemplo, que te dejaban la boca roja, poleras Ocean Pacific fucsia o amarillo y con estampados de olas o tipos surfeando.

Jeans "nevados", mujeres que querían ser Madonna y se armaban una chasquilla con gel, Cindy louper (que será de Cindy?), Michael Jackson negro, juegos de video como Space Invaders, Rally X y PacMan, diarios como Fortín Mapocho, revistas como Apsi, Análisis y también dibujos animados como Mazinger Z, Capitán futuro, Marco y Grand Prix.

¿Que estabas haciendo el dia del terremoto del 3 de marzo de 1985?. Un hito generacional que nos divide entre el antes y después del sismo, los terremotos, tal como la música y los olores, debe estar entre las cosas que nos traen recuerdos de un instante preciso.

Después el rock en español. Charly García, Soda Stereo, Los Prisioneros, Zumo, GIT, Electrodomésticos, Aparato Raro, Riff, todo en cassetes, claro.

Creo que me falta espacio para mi intento de pequeña crónica de los ochenta. Esa década, como la vida misma, es como uno quiera verla, en blanco y negro y/o en colores. Es mejor quedarte con lo bueno y seguir adelante.

Bitácora de viaje.
261006.